| Reportaje | Marcaje a una especie en peligro de extinción |
Los osos lo llevan en la sangre

Un miembro de la Fundación Oso Pardo durante un seguimiento
El estudio del oso pardo cantábrico pasa en la actualidad por el uso de métodos no invasivos, cada vez más modernos, para el control efectivo de las poblaciones oriental y occidental de la Coordillera Cantábrica. El Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), a través del Museo de Ciencias Naturales de Madrid, está desarrollando un estudio genético cuyo objetivo es el análisis de datos como la consanguineidad, la variabilidad genética, el parentesco entre ejemplares, las enfermedades que han padecido y sus movimientos. El Presidente de la Fundación Oso Pardo, Guillermo Palomero, alaba el trabajo que está realizando el equipo de Ignacio Doadrio, desde el departamento de Biodiversidad y Biología Evolutiva del Museo de Ciencias Naturales. Desde que en 1995 se empezase a utilizar tecnología molecular para el estudio de plantígrados en el Pirineo por parte de un equipo francés, todos los proyectos nuevos han seguido esa dirección. Según Palomero, hasta el momento ya han sido identificados genéticamente los 21 ejemplares conocidos de la población occidental de la Coordillera Cantábrica (unos 2.600 kilómetros cuadrados, desde los Ancares de Lugo, el Alto Narcea asturiano, el Alto Sil leonés y hasta el puerto de Pajares), en dificultades debido a que cuenta con el doble machos respecto al número de hembras. «Sin embargo, la identificación de osos mediante su ADN comenzó antes en la población oriental (2.500 kilómetros cuadrados desde Campoo de Suso, en Cantabria, la zona leonesa de Riaño hasta el Puerto de Vegarada, en Asturias), donde se empezó a analizar muestras de pelo y heces para su identificación genética. Este procedimiento se aplicó más tarde a otras especies en peligro, como el lince ibérico, el lobo y, más recientemente, el urogallo», continúa el presidente de Oso Pardo. El caso del oso es aún más problematico, puesto que las dos poblaciones de la zona cantábrica se encuentran separadas por 30 kilómetros de importantes infraestructuras y actividades humanas, en núcleos entre Valgrande y el Puerto de Pajares, que los mantiene genéticamente incomunicados. Esta misma situación, que en el caso del oso se remonta a mediados de este siglo, la vive también el urogallo cantábrico, dividido en dos poblaciones aisladas e incomunicadas. Quedan menos de 500 ejemplares. Para este estudio, los expertos han analizado 483 muestras de heces y pelo de las 1.136 recogidas, De las que han sido ya analizadas, en 106 han extraído con éxito la cadena de ADN, que es la que ya ha servido para la identificación de los 21 individuos. Según los informes de Jesús Duarte, doctorando en Biología Animal y experto en nuevas tecnologías aplicadas a la conservación, los avances en ingeniería genética y la biología molecular han permitido desarrollar técnicas que, puestas al servicio de otras disciplinas y usadas como herramientas de investigación, han ayudado a salvar obstáculos antes impensables. Duarte explica que la biología molecular también está teniendo su aplicación en el campo de la conservación. Según él, «el uso de marcadores moleculares, la técnica del DNA-fingerprinting , el análisis de aloenzimas, la secuenciación, microsatélites y otros métodos permiten la identificación individual en especies amenazadas, análisis de viabilidad poblacional y variabilidad genética de poblaciones, o determinar parentescos y establecer así unidades de conservación de acuerdo con su estructura genética ». Sus análisis sobre el estudio genético de los osos le han llevado a afirmar que «una población de osos de entre 30 y 70 individuos se extinguirá con un 95% de probabilidad en menos de 100 años según tres factores: la calidad del medio que ocupe, las características genéticas de los individuos y la demografía de población. «Es un estudio lento y , pues se necesitan 9 muestras de cada individuo para descartar que estén contaminadas» Guillermo Palomero Presidente Fundación Oso Pardo «Una población de entre 30 y 70 osos se extinguirá, con un 90% de posibilidades, en menos de 100 años según su medio y calidad genética» Jesús Duarte Duarte Experto en Biología Animal en Málaga «Analizando fósiles del oso cavernario cantábrico podremos conocer qué ha ocurrido hasta el momento actual» Isabel Rey Bióloga del CSIC