Otro 50% de los templos de la diócesis leonesa precisan obras de restauración urgentes para conservar su patrimonio
Casi 200 iglesias rurales amenazan ruina o están ya parcialmente hundidas
El obispado de León tiene sobre la mesa casi 200 expedientes sin resolver de iglesias rurales que amenazan ruina o que ya se han derrumbado en parte y que esperan ser reconstruídas con fondos de los propios feligreses ante la apatía de las administraciones públicas. Según el secretario de Arte Sacro del obispado leonés, Máximo Gómez Rascón, «la ruina de muchos de estos edificiios colea de hace ya muchos años y cada día emergen más, lo que anualmente desbarata los planes de restauración de la diócesis: hay aproximadamente 1.300 iglesias, ermitas y pequeños monasterios que atender, cada uno de los cuales requiere obras importantes cada treinta años, de forma que las urgencias del día a día descolocan cualquier presupuesto». Según Rascón, cada año se realizan obras de mantenimiento en un centenar de pequeñas iglesias rurales, de las cuales algo más de la mitad se limitan a reparaciones puntuales o «parches» de uno o dos millones de las antiguas pesetas en tanto que el esto requiere aportaciones oficiales cuatro o cinco veces superiores, tanto desde la Junta como desde la Diputación o por los propios ayuntamientos. El grueso de los costes, sin embargo, corre a cargo del obispado y, sobre todo del propio vecindario en donaciones de particulares, que se resisten a dejar caer el templo de su pueblo al margen de su escasa utilidad salvo en bodas, entierros y bautizos. Se estima que la proporción de dinero aportado para el mantenimiento de los templos es del 80% de dinero y donantes privados frente a apenas una quinta parte de subvenciones públicas. El ritmo de obras es, en todo caso, insufiente y se advierte que prácticamente la totalidad del patrimonio eclesiástico precisa atenciones urgentes con una patología igualmente generalizada: deterioro de las techumbres, muros, torres, vigas y artesonados, etcétera. La edad media de los templos de la diócesis leonesa, grandes monumentos aparte, como la Catedral o San Isidoro, es de tres o cuatro siglos, aunque muchos de ellos estén asentados, a su vez, sobre las ruinas de edificios aún más antiguos, a los que, simplemente, fueron adosados. Según Rascón, «en las zonas rurales predomina un estilo barroco reedificado, aunque no pocas partes de las iglesias, incluídos los propios cimientos, sean románicos». El obispado querría seguir un modelo de restauraciones con financiación a tres bandas -subvenciones públicas, donaciones privadas de los feligreses y aportaciones de la propia diócesis- para recuperar todo el patrimonio inmobilidario desperdigado por las zonas rurales, pero es consciente de su escasa viabilidad, lo mismo del hecho de que en un futuro más o menos inmediato el despoblamiento de los pueblos acarreará también mayores problemas para mantener simplemente en pie un patrimonio arquitectónico disperso y menudo.