Los enfermos terminan quedando al cuidado de padres o de los parientes más ancianos
El perfil del cuidador de un enfermo mental, a falta de centros y especialistas en la Sanidad pública, termina siendo el clásico de una madre de familia. La mayoría son mujeres (sólo uno de cada cinco es hombre) y tienen una edad avanzada, con una media de 58 años, aunque más de la mitad supera los 60, lo que hace suponer que el cónyuge superviviente es quien se encarga de proteger hasta su propia muerte o incapacidad al enfermo mental. De acuerdo con el mismo retrato robot, más de la mitad de los cuidadores que amparan a este tipo de enfermos son amas de casa, jubidados o ambas cosas a la vez, en tanto que apenas una décima parte tienen el parentesco de hermanos, cónyuges, amigos u otro tipo de relación. Por lo general los ingresos medios de estas familias no pasan de 900 euros mensuales (150.000 de las desaparecidas pesetas) y no cuentan con más apoyo adicional que las pensiones no contributivas que, no en todos los casos, tienen asignadas los propios enfermos y que apenas llegan, a su vez, a 43.000 pesetas al mes. Según la presidenta de Alfaem, Ascensión Sedano, en estas circunstancias la problemática diaria de las familias se torna difícil, incluso en lo económico: «aún en el caso de que alguien tenga trabajo, muchas veces tiene que renunciar a él para cuidar al enfermo, a mayores de lo complicado que pueda ser el trato cotidiano». De hecho, según los portavoces de Alfaem, los familiares suelen necesitar tanto o más apoyo que los hijos que están a su cuidado, lo que no pocas veces se traduce en terapias paralelas de apoyo psicológico para que las propias familias de los cuidadores no se desmoronen o tiren la toalla, algo que también pasa a menudo por simple cansancio. 1396927554