| Reportaje | La integración en un colegio público |
Machado descubre el idioma a españoles e inmigrantes
Una tarde en la clase de sexto de primaria del colegio González de Lama en la que los 18 niños y niñas de León, Ecuador, Sierra Leona, Argelia y Portugal aprenden léxico nuevo en un poema
El 10% de los 120 alumnos y alumnas con que cuenta el colegio público Antonio González de Lama de León es de nacionalidad extranjera. Ya en el curso 2000/01 contaba con 10 estudiantes inmigrantes y su integración, cuenta la directora, «no ha distorsionado para nada el centro». El centro, situado en el barrio de El Ejido, acoge a niños latinoamericanos, rumanos, bosnios, argelinos y de Sierra Leona. En el único curso de sexto de primaria hay 18 niños y niñas matriculados y cuatro de ellos son inmigrantes. Dulajoh Jalloh, de 12 años, tiene otros dos hermanos mayores en el cercano colegio de los Carmelitas Descalzos, San Juan de la Cruz. En su idioma vernáculo, el fula , buenos días se dice a llarama y en árabe, aclara el argelino Lotfi se diría melger . Bous dias es en portugués, añade Isaac desde el fondo de la clase. A Dulajoh le ha tocado buscar en el diccionario la palabra falucho pero no porque sea extranjero, sino porque la clase no conocía el término que Antonio Machado emplea en un peema para referirse a una embarcación (embarcación costanera con una vela latina, dice el Drae). La profesora, Victoria Valledor, ha anotado en la pizarra las otras tres extrañas palabras -latescente, rutilante y fúlgida- que sembraron de dudas el significado del poema. Mayra, 11 años, es natural de una ciudad ecuatoriana llamada Santo Domingo y se encargó de descifrar el parentesco con la leche de la primera palabra. Su compañero Martín leyó para todos que «rutilante es que brilla como el oro» y Alba aclaró lo que de resplandeciente y brillante hay en la palabra fúlgida. Es un poema difícil de leer y de entender y los chicos están deseando que corra el tiempo para bajar al gimnasio a la clase de Educación Física. La bola del mundo suscita el interés del grupo cuando Dulajoh se pone a buscar a su país en el mapa. Y no le resulta fácil. Lotfi encuentra antes las costas de Argelia y trata de situar en el pequeño espacio del globo a su ciudad, Dellys. Tiene 11 años y antes que en León vivió en Zaragoza. Las dificultades con el idioma le obligaron a repetir cuarto de primaria. «En mi familia sólo somos tres hermanos y yo», dice Lotfi, quien todavía no es consciente de que la suya es, en relación a la media española, una familia bastante numerosa. Su madre trabaja en la hostelería y su padre busca empleo. Él y Dulajoh son musulmanes y en clase de religión salen a la alternativa. No comen carne de cerdo y cuando e.l menú de la escuela incluyen carne de puerco se lo sustituyen por otro alimento, generalmente «una tortilla francesa». A Isaac, nacido en Brasil y de nacionalidad portuguesa, no le parece que existan diferencias entre la escuela de Portugal y la española, salvo por la inclusión de la religión en España. Comunicarse con las familias «Cuando más dificultades encontramos es al relacionarnos con la familia para temas organizativos si no entienden el castellano», precisa Charo Quintanilla, directora del centro. A su juicio, «la Junta tiene que abordar la inmersión lingüística» de los inmigrantes con independencia de la facilidad que tengan los niños y niñas para aprender: «Hay una niña rumana de cuatro años que acaba de llegar y parece que ya nos entiende», añade.