El PSOE tiene difícil levantar las encuestas que le otorgaban la mayoría absoluta a los populares
Casi 4,5 millones de electores resuelven en las urnas la mayor crisis de Madrid
Los candidatos temen que la abstención marque la «segunda vuelta» de las autonómicas
Los 4.455.756 madrileños llamados a las urnas este domingo no sólo van a elegir entre programas o proyectos políticos. Esta vez los partidos han delegado en los electores la responsabilidad de resolver la mayor crisis política de la historia de Madrid y juzgar con sus papeletas si creen correcta la actuación que PP, PSOE e IU tuvieron este verano ante la espantada de dos diputados socialistas. Cuando depositen sus votos en las 6.200 urnas repartidas por toda la región, los madrileños dirán si han creído que al PSOE le pusieron la zancadilla unos promotores inmobiliarios interesados en que gobernara el PP, si se solidarizan con el «robo» de dos de sus escaños o si, por el contrario, están enfadados con los socialistas por tener agujeros en sus filas no haber asumido aún responsabilidades internas. Juzgarán también a un PP que no quiso los votos de los tránsfugas, pero que consintió que adquirieran los beneficios económicos de pertenecer al Grupo Mixto en la Asamblea y que no adoptó ninguna medida interna contra el secretario general del partido en Madrid, Ricardo Romero de Tejada, por haber mentido al Parlamento regional en la comisión que investigó la fuga de Eduardo Tamayo. En el caso de IU, la coalición ha jugado a la equidistancia entre unos y otros, pero ha culpado al PP de estar detrás de la «operación» de los tránsfugas contra la izquierda. Una traición que ya ha costado a la comunidad autónoma pedir un crédito extraordinario de cerca de seis millones de euros para sufragar las primeras elecciones anticipadas de su historia. En esta segunda vuelta, la participación será determinante para «corregir» el resultado del 25 de mayo. Los madrileños siempre han acudido masivamente a votar, en torno al 70% del censo salvo en 1991 -59,5%- y en 1999 -60,8%-. Los datos que barajan los partidos para estas elecciones aisladas oscilan entre el 65% y el 55%, un escenario que en teoría beneficiaría a Esperanza Aguirre. Sin embargo, en el caso de que hubiera una mayor abstención, al enfado de la izquierda se le podrían sumar el cansancio general del electorado o el exceso de confianza de la derecha y dar un resultado imprevisible. Por su previsible aumento, la abstención ha sido el factor que más ha influido en el diseño de la segunda campaña de los candidatos, que han tratado de movilizar a los suyos sin que se mosqueen los de enfrente, sobre todo en el caso del PP. En mayo, con el hundimiento del Prestige y la guerra de Irak aún recientes, el PP se quedó a 31.928 votos de la suma de PSOE e IU. Pero esta vez las circunstancias no tienen nada que ver: el equipo de campaña de Aguirre ha tratado de lanzar mensajes poco agresivos que no molesten a la izquierda y cuenta con que si mantiene la fidelidad de las 1.421.258 personas que entonces les votaron, ganarán. Rafael Simancas, por su parte, ha tratado de luchar cada día contra la abstención y la indecisión de sus electores con una petición: que pasen la página de la crisis y que no permitan que nadie invalide su voto del 25 de mayo. Aun así, y a pesar de que parte de perdedor, el equipo de Simancas cree que en los últimos días de contienda sus propuestas «estrella» han animado a una gran parte de indecisos y abstencionistas a decantarse por el PSOE mientras que parte del electorado del PP ya da por ganadas las elecciones y se podría quedar en casa el domingo.