«Hay quien no puede subir la escalera, hacer la compra o ni siquiera ir al médico»

El número 45 de la calle Santo Toribio de Morgovejo, en el barrio de Santa Ana, es un edificio que puede servir de modelo de los más de mil que esperan instalar un ascensor: la casa tiene cinco plantas de altura y una veintena de viviendas, en ella habitan tres minusválidos con dificultades para subir las escaleras -dos operados del corazón y un silicótico- y al menos la mitad del resto de los inquilinos sobrepasa o se aproxima a los setenta y cinco años de edad. El presidente de la comunidad de vecinos, Eutilio Lorenzo Salas, lleva peleando casi dos años con el Ayuntamiento para que les dejen instalar un ascensor, «porque hay quien no puede subir, hacer la compra o ni siquiera ir al médico, porque se necesitan dos personas para llevarlo en una silla arriba o abajo». A Eutilio Lorenzo volvieron a prometerle el martes en el Ayuntamiento que el problema de su comunidad de vecinos se resolverá en breve con la nueva normativa: hay unanimidad entre todos los vecinos en poner un ascensor en el patio interior del inmueble, pero el problema es que la puerta se abre a 2,8 metros de la pared de enfrente en vez de a los tres metros que marca la actual legislación, algo que nadie tuvo en cuenta décadas atrás cuando se construyó la casa. Según el concejal de Urbanismo, Francisco Gutiérrez, éste es uno de los típicos problemas que el Ayuntamiento pretende resolver «flexibilizando» con sentido común los criterios para conceder licencias y haciendo que quede constancia de estos por escrito para el futuro, «porque hasta ahora se daban los permisos, pero de forma discreccional». El concejal Gutiérrez y el presidente de la comunidad de vecinos Lorenzo Salas coinciden en que este tipo de problemas requiere una urgente solución para poner remedio a casos sangrantes que quedan apartados con la normativa vigente: «si aplicaramos estrictamente todas las normas no podríamos autorizar ni un 20% de ascensores en edificios antiguos, precisamente donde más falta hacen, con vecinos de edad avanzada que tienen problemas para hacer la compra o, simplemente, para ir a la consulta del médico». Igual en todos los barrio El problema es similar en todos los barrios construídos inmediatamente después de la postguerra. En la calle República Argentina, por ejemplo, existe otro inmueble con sesenta años de antigüedad que espera desde hace uno el permiso para un ascensor en el que están de acuerdo los tres únicos inquilinos de la casa. En la primera y segunda planta viven dos parejas de jubilados que hasta hace poco no estaban de acuerdo en instalar el moderno servicio, en tanto que en la tercera un jóven matrimonio lo pedía para subir y bajar a dos niños pequeños y un familiar de edad avanzada que les visita periódicamente. Al final se pusieron todos de acuerdo en solicitar el ascensor, con una licencia que lleva paralizada desde hace seis meses. Ayer, sin embargo, ninguno quería contar su particular experiencia por temor a enemistarse con el Ayuntamiento y perder un permiso que todavía consideran en el aire.