Gloria Blanco falleció, en su domicilio de Batalla de Clavijo, tras asestarle su ex novio un navajazo en la yugular
«Yo soy el que las ha apuñalado; el cuchillo está en la habitación»
El presunto autor se declaró culpable de los hechos al ser detenido por la Policía Local
«Yo soy el que las ha apuñalado; el cuchillo está en la habitación». Con esta expresión se entregó a los agentes de la Policía Local un hombre de 56 años, Servando G. G. natural de Orense, al que la policía acusa de la autoría de la muerte su ex compañera sentimental, una mujer asturiana de 57 años, Gloria Palmira Blanco Gómez sucedida la pasada madrugada en la capital leonesa, tras recibir un navajazo a la altura de la yugular; además, hirió de gravedad a una amiga de la fallecida, Begoña A. M., según informaron fuentes de la investigación y de la Subdelegación del Gobierno. El escenario de la agresión fue la vivienda que ocupaba en régimen de alquiler la mujer moribunda -un cuarto piso del número 35 de la calle Batalla de Clavijo-. Los gritos en esa estancia alertaron a los habitantes del inmueble en un horario próximo a la una de la madrugada. Una vecina avisó, a través de una llamada telefónica, a la Policía Local que trasladó hasta la zona a diversas unidades que patrullaban por la ciudad. Las circunstancias previas al hecho suman una denuncia por amenazas de víctima a agresor y un auto de alejamiento de un juzgado que obligaba a éste último a no acercarse a más de 500 metros a Gloria Palmira; la primera incidencia data del 12 de noviembre y la orden judicial del 21 de este mes, apenas cuatro días antes del hecho luctuoso. Los investigadores de la policía barajan que la acción del agresor, que fue atendido en el Hospital de un corte en la mano izquierda, pudo deberse a un acto de arrebato debido a que, después de diversas indagaciones, víctima y presunto verdugo pasearon juntos horas antes de la agresión mortal. Esta conjetura desmontaría otra que explicaba la presencia de Begoña A. M. en el domicilio por miedo de Gloria Palmira ante las amenazas por las que denunció a su ex compañero. Los vecinos del inmueble no dudaron en mostrar su sorpresa y consternación por lo sucedido. Al tiempo comentaron la incidencia de los gritos de auxilio escuchados a la hora del incidente que, en algún caso, precisaron que se habían repetido en anteriores ocasiones. Según fuentes de la investigación, una vez dentro del domicilio, Servando G. podría haberse dirigido con Gloria Palmira a la estancia en la que la agredió, mortalmente, con una navaja de once centímetros de hoja. Igual fue la agresión contra la mujer herida, que dos veces llegó a zafarse del agresor. En su huida alcanzó el pasillo exterior del piso. «Es preciso una llamada de atención a los jueces que dictan algunas sentencias que a todos enrojecen» FRANCISCO FERNÁNDEZ, alcalde de León