«Quede claro que nos trataban como a animales y en ocasiones peor»
«Después de estos días aciagos llegó la hora de nuestro traslado a San Marcos; fue horrible. A las nueve de la mañana salimos de Riaño en un camión de ganados escoltados por dos autocares de la Policía Armada, uno delante y otro detrás del camión. Quede bien claro que a nosotros nos trataban como a los animales y en ocasiones peor. En todos y cada uno de los pueblos que hay en la carretera, hasta llegar a León, paraban el camión para que todos aquellos que lo desearan nos torturaran a su manera. El personal estaba como loco. Unos, falangistas de verdad y otros deseando parecerlo para redimirse así de los castigos de los asesinos por lo que estaban invitados; nos maltrataron con crueldad. Muchos sangrábamos como corderos en el matadero. Cogían las almadreñas por la pella de atrás y con el resto nos daban con fuerza en la espalda y donde podían. A mí me rompieron una vena en la espalda y estuve algún tiempo echando sangre por la boca». Este testimonio es una de las principales aportaciones de la investigación de Javier Rodríguez. Se trata de un fragmanto de la entrevista personal que mantuvo con Consuelo Gonzalo Demaría, originaria de Posada de Valdeón, y que en esta parte relata cómo fue su traslado y llegada a San Marcos, uno de los campos de concentración más conocidos de España. Consuelo Gonzalo Demaría, condenada en su día por llevar pantalones, dejó escritas unas memorias que también son recogidas en parte en este libro y que sus familiares también cedieron parcialmente a este periódico como aportación a la obra León, sus pueblos y sus gentes. «Hubiera deseado morir repentinamente para dejar de ver aquellos látigos indeseables, pero como el destino manda, de nada me servía desear cosa alguna».