La edad media de los religiosos de la diócesis supera ya los 60 años, con cuotas pagadas por la Conferencia Episcopal
Casi todos los conventos vivirán de la Seguridad Social a partir del año 2010
Algunas órdenes intentan rejuvenecer sus centros con monjas de la India y América Latina

Antonio Trobajo, vicario de León
Más de nueve de cada diez curas y monjas de la diócesis de León dependerán de las pensiones de la Seguridad para vivir y mantener a sus respectivas comunidades religiosas, tanto en régimen de clausura como en prestación de servicios de educación, sanitarios o sociales, según estadísticas del propio obispado que estima en más de sesenta años la edad media de los religiosos que ocupan y administran iglesias, conventos, colegios, hospitales, asilos para la tercera edad, etcétera. Hace quince años y en previsión de tiempos peores la Conferencia Episcopal Española llegó a un acuerdo con el Gobierno de la época para que sacerdotes y órdenes religiosas pudieran beneficiarse de las mismas prestaciones que los laicos, aunque hasta ese momento ninguno de ellos hubiera cotizado como un trabajador más: fue lo que entonces de llamo la «cuota o etapa de carencia». Según el vicario episcopal para los medios de comunicación social, Antonio Trobajo, hoy día curas y monjas cotizan a la Seguridad Social como otro coletivo cualquiera, si bien su edad media es extremadamente avanzada, «por encima de los sesenta años», y apenas dentro de diez estarán todos teóricamente jubilados con derecho a pensión. «Las vocaciones sacerdotales o para monaterios apenas representan un 5% del total sumando todos los de menos de 30 años a un ritmo de ocho o diez vocaciones anuales». Monjas inmigrantes La falta de vocaciones religiosas en España, en general, y en la diócesis de León, en particular, ha empujado a no pocas congregaciones a reclamar desde antiguas tierras de misión a monjas que llegan ahora, por ejemplo, desde la India o Méjico. Es el caso, según Antonio Trobajo, del convento de las Jerónimas de Toral de los Guzmanes, al que llegaron a mediados de los años noventa tres religiosas indias. Un par de años antes aterrizaron también en las Clarisas dos jóvenes más, aunque el choque de costumbres y las duras exigencias de la vida contemplativa hicieron que acabaran saliéndose de la orden abandonando una vocación extremadamente temprana: «apenas tenían diecinueve o veinte años». También hace dos años han llegado al convento de las Clarisas de Villamañán algunas monjas de origen mejicano para reforzar y rejuvenecer el convento, que hasta entonces sólo contada con siete religiosas, todas de edad muy avanzada. Según Trobajo, no hay ninguna petición más en el obispado para acoger religiosas extranjeras, aunque tampoco se descarta que el fenómeno se repita cualquier día. A la pregunta de por qué menudean las vocaciones más allá de las fronteras españolas y no al revés, como sucedía hace apenas tres décadas, el vicario leonés, se limita a señalar que tal vez en ello influye el grado de laicismo de las sociedades y «quizá también la calidad de vida dentro y fuera de los conventos aquí y allí». Los de clausura, todos femeninos y ninguno masculino ya en la díocesis leonesa, viven de rentas que nada tienen que ver con la leyenda de opulencia de antiguos tiempos: si acaso un huerto, un corral, trabajos de artesanía, subcontratatas para tejidos de empresas privadas y algún que otro dulce típico que se comercializa de puerta a puerta. Eso, según el vicario Trobajo, «da para vivir, pero no para mantener el patrimonio de los monasterios, cuya conservación debe correr a cargo del Estado, aunque ahora las pensiones de la Seguridad Social permiten un cierto respiro».