La burbuja sigue intacta
SE SUPONE que las empresas de tasación son quienes más saben sobre los precios de la vivienda. La Sociedad de Tasación dijo ayer que el precio medio de la vivienda nueva había subido un 15,8% en 2003 y que esperaba que el crecimiento de 2004 fuese menor pero que «podría rozar de nuevo los dos dígitos». Hay que decir que el mercado de la vivienda no es uniforme, está muy segmentado (centro-extrarradio, chalets-pisos, servicios-transporte, gran-mediana-pequeña), de forma que hablar de precios medios no significa gran cosa. Pero si hablamos del núcleo esencial de la población española, las ciudades de más 100.000 habitantes han tenido un crecimiento medio del 18,6%. Independientemente que gobiernen unos que otros. Por eso da risa escuchar que en España no hay una burbuja hipotecaria. En este sector, en el que hay mucho dinero y empleo en movimiento, abundan los vendedores de mentiras. Se escuchan tantas tonterías: que si el precio de las casas nunca pueden bajar, que si el precio de la vivienda sube por equipararse a los del resto de la UE, que si la demanda la van a sostener los inmigrantes o el aumento de los divorcios, que los «ricos> alemanes... Debe ser cierto que el precio de la vivienda está desacelerando su ritmo de crecimiento. Por supuesto que es debido, en primer lugar, a que el ininterrumpido exceso de precio ha hecho desaparecer la demanda solvente. Algo tendrá que ver también la recuperación de la bolsa. Pero sobre todo será debido al miedo al estallido sobre el que tanto han insistido el Banco de España, The Economist o la OCDE. No hay que olvidar que la vivienda, considerada como inversión, es indivisible y muy poco líquida. El precio de la vivienda disminuye su crecimiento porque se reduce la demanda. Y ésta se reduce porque el aumento visible del riesgo hace disminuir la inversión. Pero la actual burbuja hipotecaria es, como siempre han sido todas las burbujas financieras, producto de los bajos tipos de interés. Así que los verdaderos problemas van a llegar en cuanto suban los tipos de interés y/o aumente el paro. Sobre todo cuando suceda lo segundo. Y todo el mundo sabe que, en cuanto se aviste con claridad la recuperación económica, el BCE subirá los tipos de interés. Por eso se habla ahora de legislar sobre las «quiebras personales».