El mayor fragmento puede haber caído en Picos de Europa

La roca cayó en una zona en la que no se trabajaba
A falta de la prueba tangible de la existencia del meteorito, en lo que sí ha avanzado el equipo de investigadores encargado de estudiar el caso es en la definición de la trayectoria seguida por el bólido. El estudio no se ha cerrado del todo, pero prácticamente se da por seguro que el meteoro inició un recorrido de sur-suroeste a Norte, lo que no impide que su estela pudiese vere en otras amplias zonas de España. O lo que es lo mismo, probablemente inició su trayectoria a la altura de Extremadura y la finalizó en Cantabria, o incluso en el mar. Así lo explicó José Ángel Docobo, director del Observatorio Astronómico de la Universidade de Santiago y que observó en directo el paso del bólido el pasado domingo. Para ayudar a definir la ruta se ha contrastado el testimonio de más de cien personas que observaron el fenómeno. «Mi opinión personal -apuntó Docobo- es que el grueso del bólido cayó en las montañas de los Picos de Europa, por lo que será prácticamente imposible recuperar los restos». Esta teoría es refrendada por el astrónomo Miquel Serra, del Instituto Astrofísico de Canarias, aunque este experto va más allá al señalar que el fragmento madre pudo haber caído en el mar Cantábrico». El fenómeno cósmico, explicó Serra, también fue visto en el Oeste de Francia, según le con-firmaron colegas galos, lo que puede avalar esta hipótesis. Rafael Bachiller, director del Observatorio Astronómico Nacional, confirmó que el hecho de que la es-tela del bólido fuera vista a plena luz del día es un fenómeno muy poco usual, aunque no infrecuente. El último caso de similares características data del año 1969, cuando un meteoro de gran tamaño surcó una amplia zona de México con la luz del Sol todavía en activo. En este caso sí se puede hablar de meteorito, ya que se encontraron fragmentos de más de cien kilos de peso. Basura espacial En un primer momento se planteó la hipótesis de que el origen del bólido de fuego que surcó España fuesen restos de basura espacial, posibilidad que fue descartada de inmediato. Primero, porque no estaba previsto que ninguno de estos objetos entrase en la trayectoria de la Tierra y, segundo, porque su tamaño es tan pequeño, oscilan entre los 15 y 100 centímetros de diámetro, que difícilmente podrían soportar la fricción y posterior calentamiento con la atmósfera terrestre. «La basura espacial difícilmente se convertirá en una amenaza para la tierra», explicó el astrónomo Miquel Serrat, que desde el Instituto Astrofísico de Canarias participa en un proyecto de observación de los restos de cohetes, satélites o módulos de combustible de los transbordadores, entre otros objetos enviados al espacio por el hombre. Sin embargo, estas piezas metálicas sí suponen un verdadero riesgo para las misiones espaciales y, sobre todo, para los satélites operativos