El programa de apoyo a los estudiantes cumple un año de existencia en el campus y prepara guías de accesibilidad
La matrícula de universitarios con discapacidad aumenta un 50% en León
La ULE dedica 150.000 euros a eliminar barreras, pero falta apoyo municipal Testi

Cuando Luis Fernando González ingresó en el instituto de bachillerato su padre y el conserje tenían que subir y bajar la silla de ruedas para sortear la barrera, para él infranqueable, de las escaleras. «En el último año pude disfrutar el ascensor que, por fin, pusieron», cuenta este alumno de 3º de Historia de la Universidad de León. Es uno de los 57 universitarios con discapacidad matriculados en los campus de León y Ponferrada, un 50% más que en el curso anterior, aunque son una minoría en un colectivo de más de 15.000 estudiantes. Llega al campus en autobús, pero la rampa no funciona y ha podido subir y bajar gracias a la buena voluntad del conductor y una pasajera. Las barreras, está claro, empiezan mucho antes de llegar a Vegazana. Nunca ha podido investigar en el Archivo Municipal, ni entrar en la Biblioteca del Instituto Leonés de Cultura o asistir a un acto en el salón de actos del Ayuntamiento. «No me explico la mentalidad que se puede tener para que en el 2004 haya que entrar a Correos por una puerta lateral», lamenta. Siempre queda el ejemplo de Hacienda, donde, «como somos todos, han puesto una silla elevadora para entrar en el edificio». También se congratula de las reformas que han hecho accesible el Archivo Histórico Provincial. Obstáculos invisibles Este joven aprobó la selectividad en 1992 y ya es diplomado en Biblioteconomía. Cuando terminó esta carrera decidió seguir en el campus. «Me matriculé en Historia por interés personal, para tener más formación, pero ahora lo que quiero de verdad es empezar a trabajar», pero sospecha que no va a ser una meta sencilla. Hay barreras físicas y mentales. Ha empezado por enviar su curriculum a diferentes empresas de la capital y se ha dado cuenta de que «donde puedo trabajar o bien tienen barreras o no les intereso». Le desanima también el incumplimiento sistemático de los responsables políticos de las medidas de supresión de barreras. Cuando ingresó en 1992 en la universidad participó en las primeras reuniones con el rector «y ya se pasaba la pelota al Ayuntamiento». «Las mujeres que llevan un coche de niño son las que mejor entienden el problema de las barreras», comenta al hacer notar que «hasta que no te ves en la necesidad no te das cuenta de los obstáculos que hay en la calle». Un poco cansado de dar ideas a los políticos, este joven, que dedica temas de música clásica en la Radio Universitaria, tiene aún una propuesta: que los responsables le acompañe en una salida por la ciudad y por el campus den cuenta de cómo están las aceras, de que la comunicación entre la parte baja y la alta del campus es una carrera de obstáculos, de la falta de aparcamientos para discapacitados o de la invasión de las pocas plazas reservadas. En la Universidad se puso en marcha hace un año el programa de apoyo a estudiantes con discapacidad. Las principales demandas de los estudiantes con discapacidad son los apoyos dentro del aula y la adaptación de los exámenes de acceso en selectividad y para mayores de 25 años en el caso de alumnos ciegos. Apoyo a personas sordas Para el alumnado sordo, en casos de hipoacusia severa, se ponen en contacto con estudiantes de la misma clase que hacen un duplicado inmediato de sus apuntes con hojas autocopiativas. También han ofrecido una emisora de FM a un alumno sordo con restos de audición; si lo acepta, los profesores tienen que portar un emiror durante la clase y el estudiante puede seguir sus enseñanzas mediante un receptor que amplifica la voz. A través del Centro de Atención al Voluntariado (CAV) del Ayuntamiento de León se proporciona apoyo personal para movilidad a alumnos que tengan dificultades para desplazarse en el campus. «Actuamos a demanda del alumnado con discapacidad, no pretendemos solucionarles la vida», precisa la trabajadora social. «Deben ser ellos los que planteen las necesidades porque si no se corre el riesgo de organizar cosas que no les interesen», explica la trabajadora social Charo Turienzo. Quieren crear grupos de trabajo para cada tipo de discapacidad puesto que «no son los mismos los problemas de movilidad que los de las personas con discapacidades sensoriales», añade. Entre las actuaciones más visibles está el programa de accesibilidad puesto en marcha, con un presupuesto de 150.000 euros, para dotar de rampas, ascensores y servicios a aquellos edificios con barreras arquitectónicas. «Los espacios intermedios -calles, aparcamientos...- son los más complejos», señala el director de Asuntos Sociales de la Universidad, Antonio Reguera. Las aceras son estrechas y escasean las rampas aunque durante el anterior mandato municipal se realizaron varias obras de rebaje de bordillos en los pasos de peatones. «No podemos hacer obras en estas zonas intermedias porque son propiedad del Ayuntamiento», aclara. La Universidad alega que el 22 de marzo de 1983 un convenio la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de León, entonces propietaria del campus, y el ayuntamiento de la capital hace a este propietario y responsable de las zonas ajardinadas, aparcamientos, alcantarillado y alumbrado. Otro proyecto pendiente de acuerdos municipales es un circuito de accesibilidad. Salto de gigante Durante el primer año de funcionamiento ha realizado diversos actos de sensibilización, dos jornadas de deporte adaptado y también firmó un convenio con Amidown para proporcionar prácticas en la Universidad a personas con síndrome de Down y sensibilizar a alumnado y profesorado. También diseña una guía de accesibilidad con planos indicativos para moverse por el campus y quiere introducir dentro de las áreas de estudio conceptos relacionados con la discapacidad. «La Universidad ha dado un paso de gigante al crear este unidad, puesto que ahora ya hay un referente», resalta Charo Turienzo. No obstante, reocnoció que «hay cuestiones puntuales de fáfil solución y otras que hay que plantear a medio o largo plazo», concluye.