| Crónica | Por la puerta de atrás |
La foto que nadie quería
El acto previsto para que Rajoy se diera un baño de masas en la tierra de Zapatero acabó sirviendo para escenificar las divisiones y las tensiones internas del PP leonés
La esposa de Morano, María Encina, abraza efusivamente a Rajoy en el acto de ayer
El secretario general y candidato a suceder a José María Aznar en la Presidencia del Gobierno, Mariano Rajoy, no fue el único protagonista del acto político del PP en León, la tierra de su opositor Zapatero y en la que el popular tiene también importantes vínculos. No sólo no se convirtió en el primer objetivo de los periodistas -interesados en saber más de sus propuestas para la provincia o de la traída y llevada escuela de pilotos- sino que el mayor interés lo acabó suscitando si los populares bercianos iban a ser capaces de entregarle una carta de protesta y de reclamación sobre su «marginación» en las listas electorales o no; de si el aparato del partido iba a ser capaz de organizar su entrada -prevista con todo el boato por la puerta principal y que acabó siendo por la de atrás y tras varios intentos fallidos- sin que Fátima López Placer y los suyos le abordasen para protestar y pedir su intervención directa. La tensión se mascaba desde que a las 10.30 horas comenzó a llegar el público y los invitados a San Marcos. Los bercianos, o más concretamente lo que en el otro lado del Manzanal es el sector mayoritario y oficial y a este lado el disidente y crítico con el provincial, llegaron en bloque y con muy mala cara, junto a la astorgana Natividad Cordero, buscando cargos orgánicos y políticos del partido para mostrar su malestar por la no colocación de nadie de los suyos -respetando que el Bierzo es el 30% del voto, la afiliación y la representatividad del PP leonés, dicen- en los puestos de salida. «Si no nos hacéis caso montamos un cristo que os enteráis», se escuchó decir a López Placer a un alto cargo del PP autonómico. A diferencia de otras ocasiones, cuando para cualquier disensión o cuestión escabrosa los populares hacían un aparte o se negaban a los confidenciales con la prensa, ayer no hubo tapujos. «Vamos a por todas, le hemos dicho a García Prieto -presidente de la Diputación que se vaya buscando un hueco en las listas al Senado, en Caja España o donde sea, porque no vas a seguir siendo presidente si no hay alguien del Bierzo en los puestos de salida: no lo vamos a tolerar», confesó a Diario de León uno de los incombustibles del PP comarcal del Bierzo. Sorpresa Tres alcaldes y a la vez diputados provinciales, Ángel Calvo, Constantino Valle y Agustín García Millán, menos acostumbrados a las primeras líneas, conversaban con homólogos y cargos para confirmar la postura firme del PP oficial del Bierzo. «No nos pueden torear», decía uno mientras otros regidores, que no participan de la vida orgánica del partido, se acercaban a los periodistas a conversar y a intentar confirmar las ternas que se publicaban ayer y ante las que los bercianos se rebelaban. Uno decía: «¿A quién acudimos nosotros ahora, quién es Baudilio? Hasta ahora llamábamos a Escuredo», cuando se necesitaba algo de Madrid, aseguraba. «Creíamos que Morano estaba fuera de las quinielas y de las listas, y hasta ahora era Escuredo quien nos atendía», afirmaba otro regidor popular leonés. «A Trini -la número tres, Trinidad García- no la conocemos nadie, no tiene suficiente experiencia», terciaba otro. Mientras, más tarde uno más destacaba que la opinión que él había recabado entre «mucha gente» ayer era que se había elegido «a los dos peores» para el Congreso y el Senado, a quienes nunca se les han acercado o «menos han trabajado» en una y otra cámara; lo cierto es que no se escucharon elogios. Tensión creciente Esto ocurría mientras los bercianos hacían saber sus apoyos: la mayoría de esa comarca, «toda Laciana, la Maragatería, el Órbigo y parte de La Bañeza». No cierto del todo porque los afines al alcalde de Ponferrada, Cacabelos, Congosto o Bembibre, por ejemplo, resaltaron su desmarque de la cúpula comarcal; mientras que algunos cargos y afiliados de las comarcas antes citadas se apresuraban a afirmar que ellos no estaban en esa línea. En cambio, otros a los que se les preguntaba aseguraban que sí. Llegados a este punto la provincial -un destacado miembro confesaba que esperaban una reacción por la exclusión, pero no tan fuerte y mostraba un talante sumamente preocupado-, pero sobre todo la regional del partido, comenzaron a trabajar para tratar de aplacar a los «díscolos»: se acercaba la llegada de Rajoy y lo que parecía un calenton inicial cobraba la imagen de rebelión. Lo calentaban advertencias como que de no atender reivindicaciones «vamos a ser vuestra peor pesadilla durante la campaña electoral». Al final Rajoy entró, mientras la cúpula del partido insistía en que no aceptan chantajes y que están dispuestos a perder instituciones y ayuntamientos, a romper con todas las de la ley con los bercianos y a no incluir a nadie de los suyos en las listas o en los cargos. El líder popular entraba en el auditorio donde le esperaban un ministro, una eurocomisaria y medio gobierno de la Junta. Tuvo que llegar a San Marcos por el parking, por la puerta de atrás, tratando de evitar la foto con Placer y los suyos entregándole una carta a él y a Juan Vicente Herrera con su opinión, sus reivindicaciones y avisos. La organización trató de evitarlos primero, de despistar a los periodistas después para que no tomaran la foto y más tarde de que lo angosto de la entrada al auditorio impidiera a unos y otros una imagen no deseada; aún a pesar de que Herrera se viera obligado a dejarse captar antes con los «díscolos» para evitarle el trago a Rajoy. Ni lo uno ni lo otro. El líder nacional acabó teniendo que ceder al final de su mitin. Enfado mayúsculo en el PP «oficial» leonés y advertencia a quien quiso escuchar que los bercianos no afines habían casi cavado al completo su propia tumba en las listas a las generales: «No se puede practicar el chantaje para llegar al Congreso, porque una vez allí, si tenemos 165 diputados -la mayoría absoluta por un sólo escaño- nos puede costar mucho, pueden seguir chantajeando».