Diario de León

El Seprona presentó 723 denuncias contra el furtivismo hasta noviembre del 2003

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Antonio Núñez - león
León

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El Servicio de Protección de la Naturaleza de la Guardia Civil (Seprona) levantó hasta el pasado mes de noviembre en la provincia de León un total de 723 denuncias por caza o pesca furtiva, repartidas casi a partes iguales entre caza mayor (237), caza menor (235) y pesca (251). La cuantía de las sanciones, muchas de ellas pendientes aún de recursos, no se ha determinado todavía, aunque oscilan en cada entre 35,5 y 355 euros para las leves, hasta 3.549 euros para las graves y hasta 71.000 euros para las muy graves (casi 11 millones de las desaparecidas pesetas). En pesca el abanico de multas oscila entre 8,4 y 41.838 euros. Según fuentes del Seprona, el hecho de que el número de furtivos sancionados por caza menor y mayor sea casi igual no se debe tanto a que la Guardia Civil dedique un mayor esfuerzo a proteger ésta última, sino a que los primeros suelen actuar de forma individual y los segundos en grupo, de forma que son relativamente más fáciles de detectar. El retrato robot de un furtivo sería, de acuerdo con las mismas fuentes, el de una persona de edad mediana, habitante de zonas de montaña, preferiblemente mineras y con alta densidad de población, como El Bierzo o Laciana, y, sobre todo, adicto a la caza mayor. Como arma suele utilizar rifles, lazos, cebos envenenados y cepos, «aunque esto último está cada vez más en desuso». En algunos casos llega a montar su propio mercado negro de monterías en los alrededores de su zona de residencia para ciervos, corzos y jabalíes, por las que puede cobrar hasta doscientas mil de las antiguas pesetas sólo por orientar a los forasteros. El fruto del furtivismo es aún más difícil de recuperar que cazar a los que lo practican: apenas dos jabalíes y 77 truchas el año pasado, cifras que resultan ridículas , según reconoce resignadamente el propio Seprona. Por el contrario, la Guardia Civil ha tenido más éxito al localizar ejemplares exóticos, si bien disecados, cuya tenencia se consideraba infracción de contrabando: una cabeza de león, otro cráneo de león, una iguana, un loro gris y una tortuga laud, hallados en casa de un taxidermista gracias a un confidente. Este tipo de hallazgos no suelen ser frecuentes, según el Seprona, y las irregularidades detectadas se deben no tanto a infracciones intencionadas como al desconocimiento de la ley en materia de importación de animales protegidos, aunque procedan de lugares lejanos. Unos aparecen en manos de disecadores, otros en colecciones particulares y no pocos en tiendas de mascotas.

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