Diario de León

Juan Morano Masa (PP): El alcalde irrepetible que repite otra vez

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Antonio Núñez - león
León

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A finales de los años setenta era difícil distinguir quién era demócrata o no, entre otras cosas porque acababa de estrenarse la democracia, y en la UCD era más arduo todavía, de modo que es comprensible que uno en sus años de periodista mozo titulara a cuatro columnas lo siguiente: «Manuel Cancelo, virtual alcalde de León», sólo porque lo había nominado uno de los hermanos Martín Villa. El tal Cancelo era un probo ejecutivo de Telefónica que atraía votos porque, además, presidía la cooperativa de consumo Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, con media docena de centros comerciales que vendían a precio de economato, cosa que contaba mucho en aquellos tiempos. Sin embargo, se impusieron las tesis de la Fele y fue finalmente nominado para alcalde un abogado de los sindicatos verticales que se llamaba Juan Morano Masa y del que apenas se sabía que estaba en la nómina de la patronal, venía de Madrid y se había casado en Ponferrada con una chica que se llamaba, naturalmente, Maria Encina. Desde entonces y hasta hace ocho años, en que fue destronado por Amilivia, Morano reinó en León durante casi dos décadas con sólo algunos breves interregnos: al principio, el del difunto exalcalde socialista Gregorio Pérez de Lera, que duró unos tres meses tras perder un recurso electoral en una pequeña mesa de barrio, pero lo suficientemente grande como para darle la vuelta a la mayoría; y a finales de los ochenta con el llamado «pacto cívico» del CDS, PSOE y PP (entonces AP), firmado nada menos que por el ex delegado territorial de la Junta, Luis Aznar, Rodríguez Zapatero y el propio Mario Amilivia. En el entreacto León tuvo otros dos alcaldes de paso, que duraron entre ambos un par de años, José Luis Díaz Villarig y Luis Diego Polo, pero volvió Morano. Ciertas veleidades leonesistas sobre si el matadero municipal debía ser más grande o más chico y no otra cosa habían empujado antes al incombustible alcalde Juan Morano a enfrentarse a la Junta en un pulso que, incluida una huelga de hambre en el consistorio (el que no crea estas tonterías que relea las hemerotecas), acabó con que Juan José Lucas lo echara de las listas y pusiera en su lugar a Mario Amilivia, dándole, a modo de consolación, un puesto en el Congreso. Previamente había destacado como alcalde especialmente cuidadoso en los votos de parques y jardines, no tanto en la urbanización y arreglo de calles, que luego dejó en herencia, lo mismo que el leonesismo, a su socio José María Rodríguez de Francisco, ahora concejal de Medio Ambiente y que, sobre poco más o menos, es de la misma promoción. En el debe/haber de Morano hay el superávit de haber plantado cara a la Junta en sus relaciones con la ciudad de León cuando para la autonomía sólo existía Valladolid, tanto en el PSOE como en el PP, lo que también en su día le valió salir reelegido como independiente y con mayoría casi absoluta, sólo apoyado por Rodríguez de Francisco, en dura competencia con los partidos mayoritarios. Morano volvió al redil del PP y apostó fuerte por la reconversión industrial de León en un proyecto que se llamó Biomédica y que luego resultó un pufo, aunque entonces todo el mundo creía en milagros: la prueba son las fotos del señor obispo bendiciendo la primera piedra, del ex presidente de la Junta, Lucas, y del propio Morano con cara de circustancias en aquel tiempo. Fue, al menos que se recuerde, uno de los mayores ridículos, hasta el punto de que el promotor del proyecto, un americano de nombre Frank Wildbourne, sigue en búsqueda y captura. Se dice ahora que puede recuperar para la derecha el voto de la UPL. Si es que hay algo más a la derecha.

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