Diario de León

| Crónica | El testamento de un político |

¡Adiós señor ministro, adiós!

El acto de inauguración de la obra de la variante acabó en una sentida y «nada improvisada» loa de Herrera a Cascos

Cascos posa con las autoridades que se acercaron hasta La Pola

Cascos posa con las autoridades que se acercaron hasta La Pola

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a.g.p./j.a.b.p./n.g. | la pola
León

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Al estilo capitán de navío, pero con botas de monte como para realizar una travesía por toda la montaña central, Álvarez Cascos hizo su aparición triunfal minutos antes de las 13.00 horas, fiel a su puntualidad espartana. Más delgado que nunca, con unas gafas de sol de diseño italiano, el ministro lució una sonrisa que le achinaba ligeramente los ojos y que no dejó se esgrimir en los aproximadamente setenta minutos que permaneció en La Pola. Y no era para menos, debió pensar él en todo momento, en León a mediodía y en Asturias por la tarde, iba a cristalizar su testamento político, a escenificar la puesta en marcha de quizá una de las obras que más le llenan de orgullo; probablemente la que más, aquella por la que le gustaría pasar a la historia. Estaba exultante y algunos momentos ajenos a la realidad del instante, como si luchara con fuerza en su interior para recordar cada segundo para luego repasarlo una y otra vez en su memoria. Y en esas estaba, y dándole a las teclitas del móvil quizá esperando algún mensajito de María, cuando apareció Herrera cinco minutos después. Casi a la vez que el presidente de la Junta saludaba al ministro ya le exclamaba su primer «¡enhorabuena!». Así de repente, y sin que nada aún hubiera ocurrido, esta expresión causó cierta sorpresa entre los invitados que se arremolinaban en torno al ministro para estrecharle la mano. Entre cruces de miradas cómplices y guiños, más de uno llegó a pensar: «El ministro debió ver la cigüeña por San Blas». Ah! no. Quietos, que es por la colocación de la primera dovela de las obras de la Variante de Pajares, sin fecha de inicio. Herrera, en esos primeros instantes, no estuvo que digamos muy afortunado en sus comentarios. «¿Tú también con muletas?», dijo al encontrarse con el subdelegado del Gobierno en León, Víctor Núñez. Por cierto, éste por toda respuesta sobre lo sucecido para llevar esos apoyos comentó con gracia que: «Lo que mal empieza, mal acaba; esto es la crónica de una muerte anunciada». Él sabrá la resolución de semejante jeroglífico. Ya en la carpa, por cierto colocada tras excavar la montaña, realizar una explanada y hasta un helipuerto (preparado por si venía el presidente Aznar), las explicaciones de la obra y vuelta al campo para el gran momento: la preparación de la urna para enterrar bajo la primera dovela de la variante. Dentro, unas monedas, los periódicos del día, banderines de La Pola, Castilla y León y España y unas actas firmadas por casi todos los allí presentes. Mientras, los ya ex trabajadores de Rofer gritaban para llamar la atención. «Queremos puestos de trabajo. ¡Qué bueno es el queso!». Tras cerrar la urna, fue introducida en el hueco a la vez por Cascos y Herrera. Era el momento entonces de las paletadas de hormigón, todos una, menos el ministro que con una mano en el bolsillo se afanó en la labor hasta seis veces. «¡Cómo se nota que no es la primera vez que lo hace! ¡Cómo debías disfrutar tú en la playa con la arena!», le decían sus compañeros de partido. A la hora de los discursos, Herrera cerró con una sentida loa a Cascos, que dejó boquiabierta hasta a su jefa de prensa. «Querido ministro, gracias por todo este esfuerzo en Castilla y León. Siempre recordaremos que fuiste el motor de las infraestructuras; contribuiste a su progreso en el siglo XXI...». «Este es un homenaje sentido, somos tus amigos...» (Aplausos sonoros).

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