Técnicas y fallos de la falsa moneda
Los técnicos y empleados del Banco de España no tienen, al menos por el momento, más receta para que el público pueda distinguir un billete falso de otro auténtico que la clásica de «mirar, tocar y girar». Según el director de la sucursal leonesa, Bonifacio Gento, «normalmente la mayoría de las falsificaciones se pueden cazar así, mirando al trasluz, los relieves o simplemente las cifras que cambián de color, por ejemplo en los billetes de 50 euros». «Este tipo de cosas», según Gento, «son muy difíciles de falsificar. Están también los hologramas, algunos de los cuales son de risa y casi parecen pegatinas, lo mismo que la marca de agua, que es muy difícil de imitar. Tanto con una imprenta ultramoderna como con el equipo más sofisticado de informática es imposible reproducir a la perfección los billetes, aunque no falte gente que lo intente a diario y, provisionalmente, les cuele. Se utiliza toda clase de medios, pero la reproducción que se consigue nunca es perfecta». En los billetes falsos más sofisticados se ha localizado el Banco de España siempre aparece algún fallo que denota, incluso sin necesidad de máquinas, su dudoso origen, «por ejemplo, que para cuadrar colores u otros detalles hayan necesitado una doble o triple impresión, con el paso por las máquinas de imprensa que no coinciden al ciento por ciento por las dos caras». Según las mismas fuentes, resulta igualmente difícil para los falsificadores hacerse con el papel especial en que se imprimen los billetes, cuya producción y venta está controlada en todo el mundo, de modo que ni las organizaciones más infiltradas en las casas de la moneda podrían hacerse con materia prima suficiente para operaciones a gran escala. «Todo lo más que pueden conseguir son sucedáneos fácilmente detectables por las policías o por los expertos, aunque no tanto por el ciudadano de a pie. Son papeles muy especiales y la tinta también». En los dos últimos años no se han detectado en la provincia de León grandes movimientos de dinero falsificado, tal vez debido a la propia juventud del euro, que no ha permitido a las bandas organizadas preparar y perfeccionar nuevas técnicas para reproducir los nuevos billetes ni siquiera de forma más o menos aproximada, según los expertos.