«Nadie quiere calcular las pérdidas y lo que pedimos es que acaben cuanto antes»

José Antonio Turrado, secretario regional de Asaja
Según el presidente del sindicato agrario Asaja, José Antonio Turrado, nadie ha hecho un cálculo fiable sobre las pérdidas que ha ocasionado a la ganadería provincial el mal de las vacas locas, «aunque no tanto por el sacrificio de reses como por la caida de los precios y del mercado de la carne en sus comienzos». «A estas alturas», añade Turrado, «creo que ni la Administración ni nadie quiera tasarlo y ni siquiera acordarse de lo que se pasó, porque ahora sólo se mata un número pequeño de las vacas infactadas o sospechosas, pero, al principio, se sacrificaban cuadras enteras de decenas y centenares de animales». Según Turrado, a la vuelta a la normalidad han ayudado fundamentalmente otros factores: el hecho de que muchos ganaderos tuvieran más reses que las que les correspondían por cupo de leche y el que la Junta pagara rápida y generosamente los primeros sacrificios para evitar protestas y escándalos, lo mismo que para la caída de la demanda, aunque luego este último objetivo no pudiera alcanzarse. Posteriores campañas de información al consumidor lograron recuperar el equilibrio entre oferta y demanda, no sin antes fuertes dosis de desconfianza. «Para los ganaderos el punto de inflexión fue cuando los sacrificios de reses pasaron a ser selectivos en vez de masivos y para los consumidores cuando el tiempo demostró que la incidencia en la salud humana era nula, cosa que sigue siendo válida hasta ahora, al menos en España». Se calcula que en Inglaterra, el país origen y más afectado por la enfermedad de las vacas locas, la transmisión del mal a los humanos la transmisión del mal a los humanos era el equivalente a una persona por cada millón. Por lo que respecta a España no hay documentado ningún caso, a pesar de lo cual se encendieron todas las alarmasy se provocó la ruina de muchas explotaciones ganaderas, acelerando la desertización del campo. Más luces rojas Es difícil parar este tipo de alarmas, según Gerardo García Machado, a su vez presidente del sindicato campesino Ucale, según el cual las estadísticas de casos de encelelopatía espongiforme bovina se encuentran en pleno apogeo «y ya veramos si ahora viene la curva descendente». También Machado se muestra escéptico sobre la cuantificación de daños, perjuicios y subvenciones, pero avisa que, lo mismo que con las harinas cárnicas para las vacas, se están encendiendo otras luces rojas: «cuando salta en los periódicos una alarma de este tipo no hay manera de pararla, sea fundada o no. ¿Si puede pasar lo mismo en el futuro con la alimentación más o menos artificial de, por ejemplo, cerdos o pollos? Yo sólo digo que el 70% de la carne que se consume en España es, precisamente, de pollo y ojo a la famosa gripe aviar de Taiwan o del sudeste asiático, o sea que ojo a Taiwan».