Diario de León

Aires nuevos en el Congreso

La familia del candidato aguantó con buen ánimo la larga jornada. Su mujer, Sonsoles Espinosa, siguió sin inmutarse, y vestida de color marfil, las puyas de Rajoy a Zapatero

Llamazares y Guerra

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Arantza Prádanos - madrid
León

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Levantado el telón de la nueva legislatura, puede que se respiren aires nuevos. Por unas horas, el Congreso de los Diputados colgó el cartel de «no hay entradas» y en la sesión más esperada de los últimos años ofreció un inusual aire asambleario. Ante la falta material de espacio, decenas de senadores acabaron sentados en las escaleras del hemiciclo para seguir la intervención del candidato, antes de que el presidente, Manuel Marín, habilitara un «servicio de banquetas» de emergencia para acomodar a las señorías de la cámara hermana. Debutante también, Marín aplicó con liberalidad el reglamento, confió en el «fair play» de los grupos, permitió algunos desahogos sin intervenir allá donde su predecesora, Luisa Fernanda Rudi, habría tirado de maza y, unido al talante calmo de los principales duelistas, José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy, le quedó un debate sedoso, con las dosis justas de sazón para no dormir al respetable. No fue el único augurio de los nuevos tiempos. Los diputados de los partidos integrados en el Grupo Mixto, conocidos en jerga parlamentaria como «pezqueñines», han abandonado el gallinero, después de decenios en los asientos de alta montaña del hemiciclo. Con ánimo integrador, han sido colocados en medio del tercio central de la cámara, de modo que los José Antonio Labordeta (CHA), Begoña Lasagabaster (EA), Francisco Rodríguez (BNG) o Uxue Barkos (NB) ocupan desde hoy escaños con las mejores vistas a derecha e izquierda del espectro político. «Dadnos varias décadas más y llegaremos al banco azul del Gobierno», bromeaba la diputada de Eusko Alkartasuna. Record de prensa Los leones de la Carrera de San Jerónimo contemplaron también con asombro el variopinto pelaje de la prensa acreditada para la ocasión; 450 informadores, récord en la historia del Congreso, de nacionalidades rara vez vistas por estos pagos -japoneses, ecuatorianos, estadounidenses, suizos o australianos, entre otras-. Y se registraron hechos que vaticinan nuevas conjunciones planetarias de efecto aún desconocido. A saber. José María Aznar, presidente del Gobierno saliente, sonrió dos veces sin que cediera el artesonado. Josep Piqué, líder del PP catalán, se ha dejado una barba rala, a tono con su nueva condición de desheredado de la fortuna -clochard, en palabras propias-, y hubo profusión de corbatas rojas en los bancos de la derecha. Aunque Trillo optó por el verde perejil y Mariano Rajoy prefirió el azul característico de su formación, se inclinaron por el «rojerío» el propio Aznar, Rato, Miguel Ángel Cortés, y los ex ministros Jesús Posada y Luis Gámir, entre otros. Después del centro político, ¿perseguirá ahora el PP desde la oposición la izquierda más clásica? Ahí queda la incógnita. Entre tanta novedad, hubo tiempo para el «momento revival». Viejos conocidos de la casa regresan a la brega parlamentaria después de años de exilio en otros lares. Emilio Olabarría, del PNV, volverá a asombrar con su discurso vertiginoso y a menudo ininteligible. El murciano José María Chiquillo, antes de Unión Valenciana, retorna ahora con la toga de senador por el PP en esta VIII Legislatura, y aún hay muchos que siguen viendo a Felipe González en gestos y expresiones del futuro presidente de Gobierno. Entre quienes miraban el debate desde las alturas, la familia del candidato aguantó con buen ánimo la larga jornada. Su padre, Juan Rodríguez Lozano, y su hermano; su mujer, Sonsoles Espinosa, que demostró la misma flema que su marido y siguió sin inmutarse, vestida en tono marfil y con su sonrisa tímida característica, las puyas que éste recibió de los bancos del Partido Popular. También mantuvo la compostura la suegra y fan declarada de ZP, que pese a deslizar un tímido aplauso a su yerno -está prohibido aplaudir desde las tribunas- pareció divertirse más con la intervención llena de preguntas, dudas y tribulaciones de Mariano Rajoy en papel de opositor. La novedad tal vez.

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