El líder leonés se asegura su investidura el primer día de debate gracias a ERC e IU y a la espera hoy de nuevos apoyosOPINIÓN
Zapatero promete sacar a España de «la foto de las Azores» y traer las tropas
Mantendrá su palabra. Lo insinuó durante toda la jornada, lo eludió en algunas ocasiones, lo dejó implícito siempre y, por último, lo confirmó palabra por palabra. José Luis Rodríguez Zapatero, futuro presidente del Gobierno, garantizó que sacará a España de «la foto de las Azores» (se lo dijo en el turno de réplica a Rajoy) y que traerá de regreso a España a las tropas si el 30 de junio la ONU no ha tomado las riendas de Irak. Hubo que esperar hasta casi las 12 de la noche para escucharle la fecha: el 30 de junio. Se lo dijo en la réplica al líder de IU, Gaspar Llamazares. En esa misma intervención, Zapatero aventuró algo más: si la situación en Irak se tuerce todavía más, las tropas podrían regresar incluso antes. Pero, precavido, se escudó en «cuestiones de seguridad» para eludir que ese posible adelanto sonara a afirmación tajante. Como si no creyera lo que escuchaba, Llamazares recapituló: «Así que, conociendo a la Administración norteamericana, las tropas podrían volver incluso antes del 30 de junuo». No obtuvo respuesta, aunque en el ambiente quedó claro que sí. José Luis Rodríguez Zapatero se aseguró ayer la investidura tras recabar los respaldos de los ocho diputados de Esquerra Republi-cana de Catalunya y los cinco de IU, lo que, unido a los 164 escaños del PSOE, le garantiza 177 votos, uno más de los que necesita. «El independentismo catalán le da su apoyo», enfatizó el portavoz de ERC, Joan Puigcercós. Pero todavía le queda recabar los votos de algunos de los partidos del Grupo Mixto y de Coalición Canaria, que tal vez le den hoy al próximo presidente del Gobierno, en la segunda jornada parlamentareia de la sesión de investidura. «Un ansia infinita de paz, el amor al bien y el mejoramiento social de los humildes». Con esta frase extraída del testamento de su abuelo, Juan Rodríguez Lozano, fusilado por las tropas franquistas durante la Guerra Civil, cerró su dicurso de investidura el próximo presidente del Gobierno. Cumplir las prome-sas, dialogar hasta la extenuación y respetar las opiniones de los demás son los pilares en los que Zapatero quiere basar su forma de gobernar. Un talante que, dijo, forma parte esencial de su proyecto. Adiós a los pateos y abucheos Zapatero y Mariano Rajoy inauguraron ayer, con el debate de investidura, una nueva etapa política entre promesas de diálogo y lealtad mutuas, un clima muy alejado del reinante en la pasada legislatura. El habitual tono bronco de los duelos entre el presidente del Gobierno y el jefe de la oposición en el Congreso desapareció y se transformó en un reto verbal en el que los términos más empleados fueron «nuevo talante», «consenso» y «entendimiento». El futuro jefe del Ejecutivo desarrolló en su intervención un programa de gobierno reformista encorsetado por el programa electoral del PSOE, mientras que el líder del PP sometió a Rodríguez Zapatero a un intenso interrogatorio con el que intentó que afloraran las contradicciones internas de los socialistas y la ausencia de proyecto. Por primera vez en mucho tiempo, no hubo abucheos ni pateos ni insultos. La primera jornada del debate de investidura de Rodríguez Zapatero fue una balsa de aceite y un ejercicio de dialéctica florentina sin malos modos, con floridos elogios entre los diferentes portavoces y el candidato; por haber, hubo hasta bromas sobre el empleo del catalán en la intimidad de algún dirigente del PP y las clases de economía que debe recibir el líder socialista. Nada que ver con las brusquedades y los discursos crispados de la legislatura anterior. El próximo jefe del Gobierno se comprometió a cambiar el talante en las relaciones con la oposición y contagió a Rajoy, que demostró tener pocos puntos en común con José María Aznar en lo que al estilo de oposición se refiere. Rodríguez Zapatero planteó en un discurso de más de una hora, hasta 12 reformas de leyes, ofreció -como suele ser habitual en sus intervenciones- dos pactos y anunció la congelación de una normativa aprobada por el anterior Gobierno. El líder socialista hizo un discurso muy ceñido al programa electoral del PSOE, prometió un Gobierno basado en el diálogo y asumió importantes compromisos. Entre ellos, una «reforma concreta y limitada» de la Constitución para convertir al Senado en una verdadera cámara de representación territorial e impulsar la modificación del orden sucesorio de la monarquía equiparando al hombre y la mujer. También, la reforma de los estatutos de autonomía, la suspensión de la Ley de Calidad de la Enseñanza, la paralización del trasvase del Ebro, la regulación del matrimonio homosexual, la liberación del control gubernamental en RTVE y la agencia de noticias Efe, el mantenimiento del pacto antiterrorista -que convocará siempre que así lo quiera el Partido Popular- y la incorporación de los ex presidentes del Gobierno como vocales del Consejo de Estado. Rajoy duda El líder de la oposición y portavoz del PP puso en duda la capacidad de Zapatero para gobernar debido a las presiones que, a su juicio, sufrirá por parte de quienes le apoyarán en la investidura. Rajoy auguró por ello un Gobierno «débil e inestable», al tiempo que ofreció colaboración a Zapatero en materia antiterrorista y en la defensa de la unidad de España. Y le recordó que necesita sus votos para cambiar la Constitución. Zapatero se comprometió a apoyar las reformas de los estatutos de autonomía siempre que cuenten con un «amplio consenso político y social» y respeten la Constitución. Como había anunciado, garantizó el mantenimiento del pacto anti-terrorista firmado con el PP, pero aseguró que «es posible y necesa-rio ir más allá y ampliar la base del acuerdo». Para ello, propuso que todas las fuerzas parlamentarias compartan información y definan una estrategia común frente al terrorismo en la Comisión de Se-cretos Oficiales. El candidato a pre-sidente, que había comenzado su discurso recordando a las víctimas de los atentados del 11-M, prometió que su objetivo prioritario será «la lucha sin cuartel contra todo tipo de terrorismo El líder socialista dedicó un es-pacio sorpendentemente breve a la política económica, algo que le reprochó Rajoy. Se comprometió a mantener una política de estabi-lidad presupuestaria y a poner en marcha una reforma el IRPF que no concretó, pese a los intentos del portavoz del PP. Zapatero anunció también su in-tención de mejorar la coordinación entre todas las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado (incluidas las policías autonómicas catalana y vasca) para lo que se comprometió a crear un mando único. Durante todo su discurso, insis-tió hasta la saciedad en su ánimo dialogante. Y quiso demostrar ese talante admitiendo que su manda-to «no empieza de cero». Aunque aseguró que el Gobierno de Aznar ha cometido importantes errores, que fue autoritario y prepotente, admitió que ha contribuido al progreso del país. El mismo tono de cordialidad se registró en los debates del líder socialista con los portavoces de CiU y Esquerra Republicana. El dirigente de la federación catalana Josep Antoni Durán Lleida y el republicano Joan Puigcercós reclamaron la sepultura del pacto antiterrorista, pero no encontraron receptividad en el candidato que, sin descanso, defendió en todas sus intervenciones la continuidad del acuerdo con el PP. Durán exigió también un compromiso para que acepte el proyecto de reforma de Estatuto que apruebe el Parlamento de Cataluña con independencia de que exija una reforma constitucional más amplia, pero Rodríguez Zapatero no se desvió un ápice de sus dos requisitos: amplio consenso y sin rebasar el marco constitucional. Remarcó que su disposición es «favorable» y está «abierto» a los cambios en el Estatuto de Cataluña. Zapatero propuso, asimismo, colocar «el contador a cero» en las relaciones entre el PSOE y CiU para superar desavenencias del pasado. Durán, quien se declaró «abrumado» por la receptividad del líder socialista ante sus reivindicaciones, aceptó de buen grado la oferta de olvidar rencillas y desaires de épocas anteriores. El guante blanco propuesto por el futuro presidente del Gobierno se contagió una vez más entre dos formaciones que están enfrentadas a cara de perro en Cataluña. Y se extendió al resto de los grupos parlamentarios, acaso también porque sus portavoces, todos, se estrenaron ayer en ese cometido. Hasta dejó de escucharse la maza con la que Luisa Fernanda Rudi reprendía machaconamente a sus señorías. Todo sonó a nuevo.