Diario de León

| Crónica | Un ambiente bochornoso |

¡Cuánto sudor por León!

Las elevadas temperaturas convirtieron el Palacio de Deportes en un horno, que subió aún más grados con las constantes referencias de Zapatero a la provincia y su futuro

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Asun G. Puente/ Luis Urdiales - león
León

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«Ánimo Cultu, este año sí». Un cartel de enormes dimensiones daba la bienvenida a Zapatero y al candidato europeo Borrell a la entrada a la ciudad -en el estadio- camino del Palacio de Deportes. El presidente tuvo que explicar en el coche al cabeza de lista las peripecias del equipo local de fútbol cada año por estas fechas en la liguilla de ascenso a segunda, claro que quizá el catalán no había oído nunca hablar de la Cultural, aunque con lo deportista que presume ser debería conocer las categorías inferiores. Como cualquier leonés de a pie aficionado al fútbol, Zapatero no pierde la esperanza de que este año sea el definitivo para la Cultu. «A ver, yo creo que sí gana este domingo...», dijo ante la euforia de un aforo entregado. Ese día habrá elecciones, por si alguien lo había olvidado. La última vez que el presidente protagonizó un mitin en León una gran nevada, a finales de febrero, casi merma la asistencia de seguidores de la montaña. Ayer, en cambio el calor sofocante provocó más de un mareo en el palacio, que a pesar del mar de abanicos, banderas y todo tipo de utensilios para atenuar la canícula se convirtió en un horno. El calor obligó a los invitados llegados de Madrid a prescindir de sus chaquetas, Zapatero la abandonó nada más sentarse y Borrell al subir al escenario. Sonsoles, la esposa del presidente, enseguida se hizo cargo del atuendo de su martido para que nada le molestara. Ella toda de rojo, tomó silla escoltada entre Villalba y José Blanco -más conocido como Pepiño, el secretario de organización del PSOE-. Precisamente el gallego fue el único, junto con el presidente del Principado, que optó por el traje, frente el atuendo casual y deportivo de todos los demás. ¡Con ese calor preveraniego, no es de extrañar! Botellas de agua a raudales corrían de mano en mano entre los miles de asistentes al mitin. El palacio al final se llenó, aunque media hora antes de la cita uno de los organizadores del acto comentaba: «No sé si se llenará, queda poco tiempo y veo poca gente». No debe vivir en España y conocer que aquí nadie llega pronto a una cita. A la entrada, reparto de banderas para ambientar el mitin y venta de camisetas y gorras con el lema europeo y pegatinas de regalo. Dentro, el ambiente subía de temperatura a la espera del presidente que llegó diez minutos después de lo previsto. Música, palmas, focos y calor mucho calor... La familia de Zapatero -su padre, su hermano, su cuñada y sus sobrinos- en la zona de invitados. Allí todos en corrillo comentando las perspectivas electorales del domingo. Y llegó. Con su polo marinero, pantalón a juego y chaqueta marrón de verano. Saludos y achuchones antes de alcanzar el estrado. Cuando llegó su turno en el escenario, los pacientes jóvenes que completaban el decorado, estaban ya casi al borde de la deshidratación. «Presidente, presidente...». Vítores para recibir a Zapatero, quien desde luego no olvidó ni por un segundo dónde estaba. León y León. Sólo le faltó pedir la autonomía para su tierra, porque anunció compromisos, confesó su orgullo de sentirse en cada momento y en cada lugar de esta tierra y hasta aclaró a Borrell: «Soy un presidente leonés y socialista».

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