Diario de León

OPINIÓN

Constitución, de penalti y en el último minuto

Publicado por
MANU LEGUINECHE
León

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LA CALUROSA ovación al primer ministro irlandés Bertie Ahern, presidente de turno, resumió el estado de ánimo de los 25. De buena les había librado. La primera Constitución europea. un acuerdo de mínimos, de penalti y en el último minuto, nacía con fórceps. No es esto, no es esto, pero... Tras el castigo en las últimas elecciones, en las que los euroescepticos y los enemigos de Europa ganaron terreno, un nuevo fracaso en la aprobación de la ley fundamental, hubiera echado por tierra las esperanzas. La Constitución, 333 páginas para 450 millones de habitantes, está lejos del proyecto inicial que hablaba de transparencia, eficacia y más democracia. Es un texto legalista en el que se notan las composturas, los desacuerdos, las correcciones sobre la marcha.«Un día histórico para Europa. Más vale tarde que nunca» dijo Jacques Chirac, el presidente francés tan empeñado como siempre en ganar en Europa laureles que ha perdido en su propio país. El hecho de que no haya consenso para la elección del sucesor de Romano Prodi, presidente de la Comisión, da idea de lo que queda por hacer y de lo áspero del desacuerdo. Que Chirac vete a un hombre tan válido como Chris Patten, conservador inglés, último gobernador de Hong Kong, europeísta de pro, porque no habla francés sonaría a chiste si no fuera un despropósito. El duelo Chirac-Blair, a lo largo de dos días de tensiones, ha sido una de las noticias de la cumbre. Chirac se cree que estamos aún en los albores de Europa, en 1957, cuando Francia mandaba. Se enfada por todo, porque el francés no sea el idioma dominante, porque los diez de la Europa del Este luchan por su cuota de poder...«Pierden ustedes una oportunidad de callarse» les dijo de malos modos. La ampliación a 25 perjudica a Francia tanto como beneficia a Alemania. A partir de ahora habrá un presidente permanente y un ministro de Exteriores, y crece la fuerza del Parlamento de Estrasburgo, lo que dará a Europa, al menos sobre el papel, un mayor peso en la escena mundial. Tony Blair se enfrenta a un referéndum sobre la Constitución. Necesitaba salirse con la suya en materias como los impuestos propios, el derecho de veto en defensa o política exterior, lo que ha dado en llamar «líneas rojas». ¿Qué dirán los ingleses? Dado el clima de hostilidad a Bruselas y el subidón del partido por la Independencia en Londres, la vanidad de las pequeñas diferencias que diría Freud, es posible que gane el no a Europa, aunque Blair no da nunca un partido por perdido. Un no a la Constitución en Londres o en Copenhague -Dinamarca acostumbra a aguar la fiesta europea-daría al traste con el proyecto. La negativa de uno solo de los 25 es el no a todos y de todos. Por eso, después de degustar el champaña de Bruselas y alegrarse por el desenlace los 25 miraron al cielo: negros nubarrones se anunciaban en el horizonte. Los pueblos o los parlamentos nacionales deberán ratificar la Constitución, que no es un punto de llegada sino de partida. Queda mucho camino por recorrer. La cumbre ha vivido un choque de personalidades, el francés y el inglés, como siempre. Ha sido también un campo de Agramante entre los grandes, los pequeños, los medianos a la hora de repartir el poder. España se ha dado por satisfecha, lo mismo que Polonia y los checos han abanderado la batalla de los pequeños y los medianos en torno a la mayoría cualificada. El problema es el valor de los votos en países de diferente tamaños. Al final prevalece una Europa como una colección de Estados fuertes y separados en lugar de un «estado superfederal» modelo defendido por franceses y alemanes. Europa no es un camino de rosas.

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