Diario de León
Fermín Bocos

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DICE el saber popular que los cadáveres mal enterrados vuelven para cobrar venganza. No se si es el caso, pero Pumpido anuncia la apertura de diligencias informativas en pos de eventuales responsabilidades penales en el caso del Yakolev 42. La Fiscalía General del Estado quiere saber si hubo falsedad documental cuando les fueron comunicados a los familiares las identidades de los restos de los militares que hallaron la muerte en el accidente de Trapezonte. Aquello fue una desgracia -en la que perdieron la vida 62 esforzados compatriotas-, sobre la que el Gobierno de entonces pretendió pasar de puntillas. Sé de buena fuente que cuando ocurrió aquella tragedia el ministro Federico Trillo quiso destituir a quien ocupaba el vértice de la cúpula militar, así como presentar él mismo la dimisión, pero en La Moncloa decidieron otra cosa. En el mundo de Aznar, como se evidenció en su día con la despedida del ministro Pimentel, las invitaciones para activar el mecanismo de cese eran materia reservada. Y de ahí arrancaron parte de los males que pasando por la filosofía que llevó primero a las Azores y después a Iraq, acabaron laminando el crédito político que Federico Trillo-Figueroa había atesorado en su etapa de presiente del Congreso de los Diputados. Las prisas en la identificación de los restos -imputables al deseo de cerrar cuanto antes un caso que a ojos vista estaba labrando la impopularidad no sólo del ministro de Defensa-, llevaron a acelerar los trámites forenses y con ellos, según parece, a la torpeza de la yuxtaposición de las identidades de los militares que hallaron la muerte en el accidente. Cuentan quienes viven cerca de él que Federico Trillo no es el mismo desde el aciago día en el que el Yak 42 se estrelló en Trapezonte,a orillas del Mar Negro. Debajo de la máscara con la que los políticos comparecen en el escenario, están las personas. Y no siempre las apariencias coinciden con la realidad. Tengo para mi que una vez enterrados los muertos -cada uno con su identidad reconocida- y confortados, también quedaron los familiares en lo moral y en lo económico, y cuanto antes se cierre el caso mejor. Mejor, porque creo que este asunto fue manejado con un exceso de prisa -urgida por exigencias de la imagen que tienen de sÍ mismos los políticos y los gobiernos-, pero no hubo mala fe por parte del entonces ministro de Defensa al que hoy vemos camino de la picota. Creo que la indagatoria de la Fiscalía confirmará este extremo. Cualquier otro resultado sería para mi una sorpresa.

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