La falta de infraestructuras se suple con la riqueza cultural
La carencia de infraestructuras preparadas para el caminante en esta ruta, que ahora empieza a salir del cascarón, se ve compensada por la riqueza patrimonial y cultural salpicada en torno al Camino: el arte del Medievo, el Románico y el Gótico decoran un recorrido árido y en gran parte desprovisto de vegetación que atraviesa las comarcas de Tierra de Pinares, Montes Torozos y la inmensa llanura de Tierra de Campos. Tras superar el durísimo ascenso del Puerto de la Fonfría, el peregrino encamina sus pasos hacia Valsaín y enseguida divisa la silueta de la capital segoviana. La monumentalidad de la Ciudad Patrimonio de la Humanidad acoge al viajero con una oferta cultural inmensa, encabezada por el magnífico Acueducto romano, la fortaleza del Alcázar y las torres góticas de la Catedral. La arquitectura y el arte de Segovia revela ya los primeros símbolos jacobeos: la puerta de Santiago en la muralla, la capilla en honor al santo en la Catedral, y unas vidrieras dedicadas al Apóstol en el Alcázar. Cuando el Camino retoma su trayecto a las afueras de la capital, la iglesia de la Vera Cruz, en la subida a Zamarramala, constituye uno de los escasos vestigios templarios (junto a la iglesia de Wamba) ubicados en esta ruta. Fue construida en 1208 por los monjes caballeros de esta orden, responsables de vigilar los Santos Lugares y en su interior debían velar sus armas aquellos que iban a ser nombrados caballeros.