Diario de León

La vía diplomática nunca dio resultados fructíferos

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Enrique Clemente - redacción | madrid
León

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España no ha logrado ningún avance por la vía diplomática en sus negociaciones con el Reino Unido sobre Gibraltar, el único anacronismo colonial que permanece en Europa. Desde la firma en 1713 del Tratado de Utrecht, que le aseguraba la posesión del Peñón, Londres ha combinado la firmeza y las buenas palabras para desoír las demandas españolas. Aprovechándose de la debilidad y la pasividad del Gobierno de Madrid en diferentes periodos históricos, los británicos fueron ganando posiciones. Así, levantaron la verja de separación en 1908 y proyectaron el aeropuerto en Gibraltar en 1938, en plena Guerra Civil. De esta forma violaban el propio tratado y aseguraban la viabilidad de la colonia. El franquismo hizo de la reivindicación de la soberanía uno de sus objetivos y de sus banderas propagandísticas. Se basó en una resolución de 1960 de la ONU en favor de la descolonización. Cuando Gran Bretaña promulgó la Constitución de Gibraltar en 1969 denunció el incumplimiento del mandato de la ONU y del Tratado de Utrecht. Y, lo más importante, el entonces titular de Exteriores, Fernando María Castiella, ordenó el cierre de la frontera, con lo que se interrumpeiron las comunicaciones terrestres con Gibraltar. Una vez más, los ingleses no cedieron un ápice e incluso lograron, tras su incorporación a la Comunidad Europea en 1973, que Gibraltar fuera reconocido como integrante de la misma con un estatuto especial. Mucho después, parecía que la sintonía personal entre Blair y Aznar podría ser fructífera. El Gobierno llegó a pensar que iba a solucionar un contencioso de tres siglos de duración. Gran Bretaña volvía a demostrar que tampoco quería negociar con un aliado.

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