Diario de León

| Crónica | Tras los pasos de ZP |

«Monstruo, pero qué guapu yes»

La pradera del socialismo recibió a Zapatero con piropos y eufóricos «olés», respondidos por el presidente con guiños y mucho agradecimiento

Bocadillos de chorizo para soportar una larga jornada política y festiva

Bocadillos de chorizo para soportar una larga jornada política y festiva

Publicado por
J. C. Vázquez / M. Romero - rodiezmo
León

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Nunca antes un presidente del Gobierno se había subido a la tribuna de Rodiezmo, la pradera del socialismo. Y su llegada, la de José Luis Rodríguez Zapatero, fue triunfal, casi faraónica. Llegó en un todoterreno rodeado de extremas medidas de seguridad. Le esperaban nada menos que 35.000 personas. Su aparición -ayer cambió el habitual traje azul eléctrico por unos vaqueros y un discreto jersey azul marino- fue recibida con un aplauso generalizado y con gritos de «olé» o «monstruo, pero que guapu yes». Guiños, abrazos y apretones de manos sin parar hasta que un niño se entregó a sus brazos. Ese fue el momento que aprovechó para subir a un escenario que lleva años utilizando para cargar contra la derecha. Pero ayer el presidente era él. La mañana amenazaba con un buen chaparrón, pero a su llegada el cielo se despejó, como si se tratara de un conjuro. La gente ya se encontraba arremolinada esperando sus primeras palabras, que se hicieron esperar hasta que culminaron los habituales discursos políticos y sindicales. Lo primero que hizo fue recordar la promesa que había lanzado el año pasado de volver a Rodiezmo como presidente. «Y he vuelto con un Gobierno que respeta a la oposición», dijo. La intensidad de los gritos auguraba un discurso constantemente interrumpido por piropos y coros, muy concentrados sobre todo entre las mujeres, a quienes les prometió igualdad por ley. «Guapo» fue lo más suave que le dijeron, a lo que él siempre respondía con una mirada, un guiño y un saludo con la mano. Finalizó su intervención, se bajó del escenario y se fue sin poder decir ni adiós. Aún le esperaba un largo día. Cuando él se iba, todavía cientos de personas seguían llegando a Rodiezmo para escucharle, misión ya imposible.

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