Consideran que está «prisionero de los que le rodean», lo que impide la necesaria renovación

Dirigentes claves del PP exigen ahora a Rajoy un golpe de timón en el partido

A partir del próximo viernes se verá si mantiene el liderazgo o «ha perdido la batalla»

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Magis Iglesias - madrid
León

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Buena parte de los dirigentes del PP tienen tachado el 14 de marzo de sus calendarios, no sólo por la derrota electoral, sino porque consideran que aquel día España se ganó un gobierno y una oposición que no se merecía. «Ni ellos estaban preparados para gobernar, ni nosotros para hacer oposición», confiesa pesimista un miembro del comité ejecutivo con muchas décadas de experiencia en la política. Como él, buena parte de los dirigentes que siguen a Mariano Rajoy están seriamente preocupados por la marcha del partido, el empecinamiento en las mismas posiciones que les llevaron al fracaso y la indefinición que aprecian en la actual dirección. Desde que perdió las elecciones del 14 de marzo, Rajoy ha escuchado comentarios y consejos de todo tipo de sus compañeros de partido. Especialmente durante el verano y en las semanas previas al XV congreso en el que será elegido presidente, las opiniones de los dirigentes populares han ido perfilando dos líneas de opinión. La mayoritaria, la de quienes han pedido a su jefe de filas que dé «un golpe de timón» en el partido para cambiar la deriva continuista. Y otra, minoritaria pero muy instalada en las personas de su entorno, la de los que creen que las cosas van bien en el PP y seguirán así mientras sea capaz de 'resistir' hasta que los socialistas pierdan el poder por su propia incapacidad. Las recomendaciones que se escuchan en las conversaciones de los dirigentes del partido coinciden casi siempre en tres ideas: Rajoy debe distanciarse de Aznar y de la tutela de la Faes -la Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales, que preside el ex jefe del Gobierno-; ha de buscar caras nuevas que sustituyan la imagen del secretario general, Ángel Acebes, quemado por los acontecimientos del 11-M aunque bien aceptado como secretario general; y tiene que poner orden y concierto en las estrategias del grupo parlamentario, que consideran erráticas y de las que culpan a la inexperiencia de su portavoz, Eduardo Zaplana. Si este tipo de análisis es el más generalizado entre los dirigentes más veteranos, los de menor edad y trayectoria más limitada en el partido claman por una rectificación de posiciones políticas. Muchos se preguntan, por ejemplo, por qué tiene que mantener un partido, supuestamente de centro, un rechazo tajante al matrimonio entre homosexuales. El empecinamiento en las tesis de Aznar sobre la guerra de Irak y la continuidad alrededor del líder de las mismas personas que estaban con su antecesor son causas de buena parte de las críticas entre los cuadros intermedios que tienen cargos territoriales o están gobernando en ayuntamientos y autonomías. Prisionero «Está prisionero de los que le rodean», argumentan tanto los históricos del partido como los populares de nuevo cuño, que quisieran que Rajoy diera un giro hacia el centro con respecto de las posiciones que llevaron al PP a la derrota. El desánimo embarga en muchos casos a estos políticos, que piensan que el actual equipo dirigente ha hecho un diagnóstico equivocado del 14-M al atribuir la pérdida del apoyo popular a los atentados, en lugar de analizar las auténticas causas del desafecto de los ciudadanos con el Gobierno del PP. Estos dirigentes ven a su jefe de filas, instalado en la creencia de que sigue el camino correcto -como le dicen sus más cercanos colaboradores- y de que no merece la pena disgustar a los compañeros con relevos traumáticos en los cargos de responsabilidad. «Lo peor es que nadie le impide tomar decisiones, ni Aznar ni nadie, no lo hace porque no le da la gana; si se atreviera a hacerlo, todos le seguirían sin rechistar», aseguran quienes no comprenden por qué el todavía secretario general se preocupa más de no molestar que de sentirse libre para decidir.

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