Diario de León

Lejos de los pueblos, de los cascos urbanos y de cualquier casa

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León

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Las colmenas de abejas son objeto de un continuo seguimiento por el Seprona (Servicio de Protección de la Naturaleza de la Guardia Civil), no tanto porque planteen problemas medioambientales como sanitarios para la propia población humana. Los casos son infrecuentes, pero casi todos los años se produce algún percance grave, incluso fallecimientos, de personas alérgicas a este tipo de picaduras. No es necesario que una colmena se «enjambre», en el argot de los apicultores, contra alguien que la moleste intencionada o accidentelmente, sino que un simple aguijón puede producir la muerte si quien la recibe es alérgico al veneno, incluso en cantidades mínimas. Para prevenir este tipo de sucesos la actual normativa fija en 400 metros la distancia mínima a que deben situarse las colmenas respecto a los nucleos de población, otros 200 en distancia mínima con las carreteras y cien, como mínimo, en relación con cualquier vivienda o casa rural. Es la regla que el Seprona se encarga de hacer cumplir a rajatabla.

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