Diario de León

| Crónica | Vuelos de la muerte |

Los crímenes que confesó el verdugo

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Agustín Botinelli - corr. | buenos aires
León

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Ese hombre que en estas horas aparece frente al tribunal de Madrid con cara de cansado, haciéndose el enfermo y negándose a hablar, es el mismo que el 2 de marzo de 1995 creyéndose impune por leyes que lo protegían, contó con lujo de detalles los crímenes más atroces de la dictadura argentina. Aquella vez sí quiso hablar, ahora con la Justicia en frente, tiene el clásico miedo de los pusilánimes Adolfo Scilingo de 57 años, capitán de corbeta de la Armada Argentina, le contó al periodista Horacio Verbitsky, los pormenores de los llamados «vuelos de la muerte». Aquellas palabras conmovieron a la sociedad argentina que hasta ese momento no tenía pruebas concretas de que tamaña aberración hubiera sido posible. «Como una broma» El criminal habló y dijo entonces las cosas que pasaban en la Escuela de Mecánica de la Armada (Esma), principal centro de torturas de detenidos -desaparecidos de Buenos Aires: «Todos los días se hablaba de los vuelos, todavía decíamos... 'Este se va para arriba', que sé yo, era charla común, inclusive en broma... 'A no joder que si no te vas para arriba...' era un tema permanente. El avión es un cajón, suponga la cabina ahí, con su puertita, estamos adentro, la puerta de acceso es esa, esto es más fino, porque es más chico, y ahí estaban todos amontonados, sentados, las 13 personas, y la puerta del avión. El Skyvan es como un Hércules chiquito, más cuadrado, pero la puerta de atrás es un portón con un plano inclinado, que va desde abajo hacía arriba y se abre en esta forma ¿me entiende? La bisagra la tiene allá y tiene dos posiciones, no tiene posición intermedia, o cerrado o abierto arriba. Les pone la vacuna el médico (Scilingo habla de vacuna pero quiere decir somnífero) al rato empezamos a desvestirlos, el médico se va.... Desvestimos a todos, estaba todo listo. En ese momento ya estaban medios amontonados por que los habíamos desvestido, totalmente dormidos, eran cadáveres vivientes, cuerpos inertes, pero vivos¿ Después abrieron la escotilla, yo ya estaba que volaba y ahí me explica el suboficial que había que esquivar bien la puerta de atrás. Tenía que tenerla él con la pierna así, porque si se abría del todo nos íbamos al demonio, entonces unos 20 centímetros, unos 40 centímetros así, para que no se levantara la puerta y de adentro fuimos tirándolos... y casi me patino y me voy al diablo.» Ahora «arrepentido» Sí, así de simple se puede narrar el crimen más horrendo. Este sujeto que decidió ahora autotitularse «arrepentido», entró a la Esma en 1973 como mecánico y poco a poco se fue ganando la confianza de los integrantes de los «Grupos Especiales de Tareas», encargados de la desaparición, tortura y asesinato de miles de argentinos. Rodolfo Scilingo fue muy pronto uno de ellos y fue partícipe de varios vuelos de la muerte, arrojando los cuerpos vivos de sus víctimas al Río de la Plata y al océano Atlántico. Poco más se sabe de esta «bestia» que en 1997 llegó hasta el juez Baltasar Garzón, a contar sus penurias y a intentar desvincularse de sus crímenes.

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