Atormentados como Sísifos y asesinados con agua helada

Presos soviéticos en Mauthausen, según el testimonio de F. Boix
Los españoles eran explotados en la cantera de Wiener-Graben, próxima al campo de concentración de Mauthausen. Por los 186 peldaños que tenían que bajar los bloques de piedra cayeron unos cuantos; en Mauthausen se contabilizaron hasta 36 formas de morir, pero, según señala Lope Massaguer, «ninguna de ellas era tan horrible como la producida por el agotamiento transportando piedras por la cantera. Llegar al final sólo significaba tener que comenzar nuevamente. Los nazis nos habían convertido en caricaturas de Sísifo. Éramos unos Sísifos demacrados, esqueléticos y atormetados y cuyo castigo tenía como final el creamatorio». Gusen, que llegó a tener tres campos, dependía de Mauthausen. Su complejo industrial lo integraban dos canteras y, más tarde, fábricas bélicas subterráneas que se protegían de los bombardeos. Gusen también destacó por su crueldad. Su distribución era muy similar a la de otros campos pero contaba «con un espacio dedicado a duchas que carecía de paredes y en cuyo suelo había colocada una pileta». Según los testimonios recogidos por Benito Bermejo allí se sometía a los presos «al suplicio de permanecer bajo chorros de agua fría a temperaturas invernales extremadamente bajas, hasta morir a golpes o ahogados».