Diario de León

Viaje al motor de la economía vasca

Prosperidad y silencio en el corazón nacionalista

La industrializada comarca del Alto Deva constituye el modelo por excelencia del nacionalismo vasco, que sin embargo no ha podido librarse de su lado más oscuro

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León

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Si existe un lugar en el que el plan Ibarretxe cobra pleno sentido y visos efectivos de salir adelante, éste es sin duda el valle guipuzcoano del Alto Deva. Sus 62.000 habitantes se reparten entre ocho municipios, liderados por Mondragón. En todos ellos gobierna el nacionalismo, que entre el PNV y Aralar, escisión de Batasuna que rechaza la violen-cia, acapararon en los últimos comicios municipales el 65,2% de los sufragios. Si a ellos se unen los votos reunidos por Izquierda Unida, las formaciones que respaldan la propuesta soberanista del lendakari concentrarían en esta zona el 75,4% del teórico respaldo electoral. En ayuntamientos como Oñate, el partido fundado por Sabino Arana es capaz de cosechar, en coalición con Eusko Alkartasuna, tres de cada cuatro papeletas. Un porcentaje sólo al alcance de verdaderos señores de la urna, que el presidente vasco soñaría con extender al resto de la comunidad autónoma, mucho menos proclive a sus planteamientos. El Alto Deva concentra esencias. Rodeado por montañas encumbradas de caseríos, conforma un ejemplo vivo y muy cuidado del hábitat tradicional vasco. No por ello renuncia a una fuerte industrialización, que aporta a sus pobladores un elevadísimo nivel de vida. La natalidad es alta, el conocimiento y proyección del euskera se dispara como en pocas comarcas. La tasa de paro, que apenas afecta a un 4% de la población activa, es la menor de toda Euskadi. Potencial económico La estructura del mercado laboral habla por sí misma. De los 28.650 ciudadanos mayores de 16 años que desempeñan una ocupación profesional, más de la mitad, casi 16.000, trabajan en la industria; 10.887 lo hacen en los servicios; 1.565 operan en la construcción; y sólo 228 se dedican por entero a la agricultura y ganadería. El verdadero secreto de la prosperidad son los 5.000 coo-perativistas, la tercera parte de los operarios industriales, propietarios del gigante conocido como Grupo Mondragón. Tal vez estas dos palabras no digan demasiado por sí solas, pero de él forman parte etiquetas tan potentes y cotidianas como Eroski, Ulma o Fagor. La inmensa cooperativa debatiarra emplea a 70.000 personas en todo el mundo. Pero no se agota ahí la cosa. El chocolate Zahor, las antiguas pilas Tximist, aquéllas del mapamundi en cinemascope, y los palillos Betik también se fabrican en este entorno. Motor económico Todo un motor económico, que proporciona una fundamental cohesión social a la tierra en la que nace. Aquí, un trabajador de 50 años que se quede en el paro, todavía puede ser recuperado a través de las cooperativas, hasta completar una jubilación digna. Todo esto suena a paraíso, y en determinados aspectos se aproxima a algo parecido. Sin embargo, no lo es. Existe una parte oscura, que tiene mucho que ver con la presión política ejercida desde antiguo por los sectores más radicales del nacionalismo excluyente. Y no sólo sobre quien teóricamente podría suponer un contrincante, véanse las comunidades oriundas de otros lugares del Estado, sino también sobre los propios ciudadanos a quienes dicen defender y no dudan en someter si no se arriman a sus ideas. Una quinta parte de los habi-tantes del Alto Deva, en torno a los 14.000 ciudadanos, han nacido fuera de Euskadi. Su peso, a través de hijos y nietos, es bastante superior, hasta rebasar un tercio de la población total. Tal situación no se refleja directamente en un comportamiento electoral maniqueo, al gusto de quienes ganan con el enfrentamiento. En 1999, en plena tregua de ETA, Euskal Herritarrok se convirtió en la segunda fuerza más votada de aquellas municipales en el valle, alcanzando, entre otras, la la alcaldía de su capital, Modragón. EH obtuvo un 44,2% de los sufragios frente al 43,9% del PNV, el 13,6% del PSOE y el 8,6% del PP. En el 2003, ilegalizada ya la formación de Otegi, el PNV se hizo con el 51,6% de las papeletas, el PSOE se consolidó como segunda fuerza, si bien a gran distancia (14,4%), Aralar peleó un hueco propio (13,6%,) y el PP (8,3%) cayó por debajo de Ezker Batua (10,2%). Los partidos constitucionalistas lograron, en el mejor de los casos, el 22,7% del respaldo en las urnas. ¿Significa esto una conciencia de mayor integración por parte de quienes tienen su origen más allá de las tres provincias? Las oportunidades existen, no cabe duda. El actual alcalde de Oñate se apellida Gartzia, una evidente euskaldunización del muy español García. A nadie se le niega una plaza en una sociedad gastronómica, a no ser por motivos puramente económicos o mezquindad personal. En las cooperativas funciona al más alto nivel gente de toda España -o el Estado, denominación de mayor corrección política por estos pagos-, incluidos los cargos de superior responsabilidad. Pero no es conveniente que nadie te confunda con un guardia civil o un concejal de partidos poco afines por tu simple parecido físico. Control En los pueblos pequeños -Mondragón, la capital, suma 23.000 habitantes, al estilo de una Estrada, y Bergara, el siguiente municipio, se queda en 15.000-, es fácil comprobar quién compra éste o aquel periódico. Y quien se encarga de estar al tanto de semejantes asuntos no lo hace precisamente por amor al arte o porque esté aburrido. Hay cosas que nunca dirías en un bar, sin mirar quién está detrás de ti. Y eso en absoluto casa con un mínimo concepto de plena libertad. El precio de la prosperidad no puede ser éste. ¿Esperanza? Aunque prefieren no hablar directamente, también hay gentes que, sin renunciar a sus ideas, están ya muy cansadas. Hombres y mujeres, extenuados, que han recorrido durante años cárceles y penales detrás de maridos, esposas, padres e hijos, a quienes ya no conocerían sin unos barrotes de por medio. Más allá de algunas consignas, no sabrían acertar el por qué de tanto sufrimiento. En algún lugar deberían encontrarse con las muchas almas mutiladas por las balas de los pistoleros. Hay gentes que confían en los signos, en los indicios de que algo puede cambiar. En que una bomba, un disparo, una algarada dirigida políticamente no lo rompa todo de nuevo. Éste es el plan, el verdadero plan, al que apelan la razón, el corazón, la cordura. También aquí, en el centro neurálgico del plan Ibarretxe. Símbolos de lo vasco El Alto Deva no sólo ofrece referentes materiales y económicos al nacionalismo vasco. El centro espiritual del País Vasco también se encuentra entre estas montañas, en las primeras cumbres que anticipan la sierra de Aizgorri. Allí se levanta el santuario de Aránzazu, Con cinco siglos de historia, una comunidad franciscana a su cargo y convertido durante décadas en un potente seminario, su activo papel en la recuperación de la enseñanza en euskera y la resistencia frente al franquismo, Aránzazu recuperó a lo largo del siglo XX una significación política que ya había jugado en tiempos anteriores. Valga como ejemplo su incendio, en 1834, a manos de las tropas liberales. Pese a ello, el padre Iñaki, historiador, asegura que nunca han tenido problemas de corte político. Reconoce, eso sí, que se han desarrollado huelgas de hambre de familiares de presos etarras. «Pero siempre les prohibimos que utilicen símbolos políticos; se trata de un tema humanitario», argumenta el fraile. Arantzazu es algo más. Se trata también un potente símbolo que hunde sus raíces en la noche de los tiempos para volcarse hacia el futuro. La vanguardia arquitectónica que representan el Guggenheim o el Kursaal tuvo aquí su primer anticipo. La basílica fue reformada entre 1950 y 1955. La colaboración de los arquitectos Sainz de Oiza y Laorga dio sus frutos en un edificio rompedor cuyas piedras, con forma de diamante, como metáfora del espino, pulieron canteros gallegos. En su resurgimento se impli-caron los escultores Eduardo Chillida y Jorge Oteiza, quien tuvo que esperar trece años para que la Iglesia se decidiese a instalar sus catorce polémicos apóstoles sobre la entrada del templo. Cuentan los caseros que en sus días al frente del Ministerio de Información y Turismo, Manuel Fraga les prometió un teleférico, que todavía están esperando.

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