Una votación con el ruido de la guerra de fondo

Un policía intenta encontrar explosivos o armas en el burro que lleva a un minusválido a votar
Las calles de Bagdad amanecieron ayer vacías y en un ambiente de temor, aunque conforme transcurrieron las horas los votantes se hicieron más numerosos en el centro urbano, donde pese a la violencia la afluencia era lenta pero continua. El estruendo de estallidos de origen desconocido retumbaban en ese momento en el centro de la ciudad, casi desierto de civiles, poblado de policías y guardias iraquíes, y sobrevolado por helicópteros militares norteamericanos. Ahmed Al Rubeia, abogado de 38 años, fue uno de los pocos bagdadíes que a las ocho transitaba por la calle Saadoun, una de las principales de la zona, para dirigirse a pie a votar ya que estaba prohibido el tráfico de vehículos durante todo el día. «Los terroristas no son mi problema, en todo caso no me van a impedir la libertad. No les tengo miedo», afirmó el letrado, de confesión chií y que caminaba en medio del asfalto acompañado de su mujer Jihan y de su hijo menor Izat, de dos años. Al Rubeia depositó su sufragio treinta minutos después en el colegio electoral de Al Nedhamya, donde medio centenar de personas esperaban a ser cacheadas dos veces antes de entrar en la escuela habilitada como centro de votación. «No pueden con todos» La mayoría de los votantes a esa hora eran varones, varios tocados con la tradicional pañoleta kurda, pero también se veían algunas mujeres, cada vez más según avanzaba la jornada, cubiertas de los pies a la cabeza con la túnica negra de las chiíes. «No es verdad que nos vayan a matar, no pueden con todos nosotros», comentó Firas Al Safar, estudiante chií de veinte años, mientras se escuchaban intermitentes estallidos. «Y esta es la prueba», añadió, al tiempo que alzaba el dedo índice de su mano derecha, que aparecía manchado con la tinta indeleble de color azul-violeta con que los electores son marcados para que no puedan votar en mas de una ocasión. El secretario general del Partido Nacional Democrático Iraquí (PNDI), Mithal Al Alusi, de 52 años, era de los pocos suníes que esperaban en la fila, acompañado por dos guardaespaldas. «Quiero dar las gracias a Estados Unidos, al Reino Unido, a España, a Italia, a todos los países de la comunidad de naciones que nos han ayudado a que llegue el día de hoy», dijo.