| Crónica | En el andén |
Los protagonistas estaban ausentes
Silencio, lágrimas, flores, velas y muchos recuerdos para los que fallecieron hace un año rompieron la rutina en cada una de las estaciones en las que explotaron las bombas
Roberto Martín y Mariano Félix Moreno, dos de los maquinistas que conducían los trenes que los terroristas reventaron hace un año, quisieron rendir este viernes en la estación de Atocha homenaje a los asesinados. Lejos de los micrófonos y de los objetivos de las cámaras -no les han reconocido- son dos ciudadanos más entre los cientos que a mediodía acudieron al hall principal del recinto para testimoniar en silencio su «homenaje a la gente que iba en el tren». También se sienten víctimas y no quieren que se olvide lo ocurrido, pero lamentan que «los verdaderos protagonistas hoy no están» en los actos solemnes. Ellos -que no fueron invitados a ningún homenaje oficial- lo explican como lo que son, dos hombres sencillos que para su desgracia se vieron salpicados por la peor agresión terrorista perpetrada en Europa. Mariano explica que «el homenaje está bien, aquí murieron 192 personas y hubo mil y pico heridos, pero puede que hoy se haya magnificado un poco la cosa». Su compañero completa el razonamiento: «Deberían haber contado más con las personas que lo vivieron. Los heridos y los que tienen secuelas son, más que los políticos, protagonistas de esta historia negra, y hoy no están». Sí estuvieron el alcalde de la capital, Alberto Ruiz-Gallardón; la portavoz del PSOE en el Ayuntamiento, Trinidad Jiménez, y los concejales de Seguridad y Economía, entre otros. En silencio y vestidos de luto aguardaron en el andén 2 -donde estalló el primer tren- la llegada del convoy de las 7:37. Junto a ellos se concentraron miembros del servicio de emergencias, bomberos y policías que aquel día participaron en las tareas de ayuda, y unos pocos allegados de los fallecidos que portaban flores y lloraban. La presencia de los políticos y el consiguiente dispositivo de seguridad -ocuparon casi todo el andén, que a esa hora abarrotan miles de personas presurosas por llegar a sus lugares de trabajo- molestaron a algunos, que increparon a los ediles con frases como «ahora venís a haceros la foto» y «a ver si venís todos los días». Entre los asistentes había una joven de 28 años, Patricia Díaz Durán, que hace un año estaba en el andén cuando explotaron las bombas. «Hoy tenía que venir», repetía. Tras los atentados sintió «mucho miedo» de volver al tren, pero no tenía elección: «es mi medio de transporte, no puedo paralizar mi vida». Mientras hablaba, decenas de trenes entraban y salían como orugas de la estación que los terroristas quisieron derrumbar. Era la mejor demostración de que España ha soportado el embate.