| Crónica política | Victoria inesperada |
Primer año de ZP sin anestesia
Zapatero llegó y empezó a gobernar: retiró las tropas españolas de Irak y llevó al parlamento las leyes más progresistas

Maragall ha decepcionado a sus votantes
La conmemoración del primer aniversario del 11 de Marzo ha servido para otras cosas, además de lo que ya sabemos y hemos compartido: sirvió para que la política catalana intentara lavar la ropa sucia aprovechando la distracción informativa y, también, para eclipsar que mañana se cumple el primer aniversario de la victoria de Zapatero. Victoria inesperada ante un PP que hasta la víspera del atentado creyó que iba a derrotar sin problemas al candidato socialista. Aquel miércoles las encuestas de Doxa, que dirige Julián Santamaría, y Sigma 2 que preside Carlos Malo de Molina advirtieron, cada una por su lado, que la curva ascendente del PSOE en intención de voto y la descendiente del PP se cruzaban. Ambos sociólogos reiteran que su diagnóstico aquel día era de «empate técnico, punto arriba o abajo». Pero eso era el miércoles. Después llegó el jueves de dolor, el viernes de solidaridad y el sábado de indignación con una revuelta popular en los teléfonos móviles y en Internet contra algo que Zapatero, meses después en la Comisión de Investigación del 11-M, llamó un «intento de engaño masivo» por parte del Gobierno de Aznar. El desajuste entre las comunicaciones de un gobierno empeñado dos días después en que ETA era la autora de la matanza mientras el resto del mundo ya sabía el mismo jueves que había terroristas próximos a Al Qaida detrás, indignó a una parte de la opinión pública que probablemente se hubiera abstenido en la consulta y acudió a votar cualquier cosa menos PP. «En Lérida votaron hasta los ocupas», señala Joan Cal, director del diario Segre . Todos los intentos de controlar los medios de comunicación como si España viviera en una burbuja informativa al margen de la comunicación globalizada fueron infructuosos. Antonio Franco, director de El Periòdico de Catalunya , estima que «aquel día quedó claro que los gobiernos saben controlar periódicos, comunicaciones de radio y manipular televisiones pero ignoran como intervenir en los nuevos medios (como los móviles e Internet) que aquel día exhibieron su fuerza». David Ugarte un estudioso del fenómeno, describe la dificultad de reacción del PP ante aquel fenómeno nuevo y masivo de la forma más gráfica: «Es como si Mariano Rajoy hubiera recibido un SMS y respondiera con una llamada perdida.». Pero Zapatero ganó y formó gobierno aunque con algunos nombramientos que seguro que hoy no repetiría, lo mismo que le sucede a varios de sus ministros con alguno de sus colaboradores más próximos. Pero comenzó a gobernar: retiró las tropas españolas de Irak, llevó al Parlamento las leyes más progresistas que cabía imaginar a favor de la igualdad de las mujeres y las más atrevidas a favor de la homosexualidad marginada. El dinero se mantuvo tranquilo porque la Bolsa no se enteró del cambio y porque las intervenciones más impactantes del nuevo Gobierno se mantuvieron lejos de una economía estabilizada con Solbes como sello de garantía. Serenidad general Serenidad general en el país excepto en una buena parte del Partido Popular que un año después sigue sin digerir la derrota y siente que le amputaron el poder sin anestesia. Quienes en la familia popular quieren comenzar la carrera otra vez, como es el caso de su presidente Mariano Rajoy, difícilmente pueden remontar vuelo porque llevan un pasaje a bordo demasiado alterado. «Nunca podremos volver a ganar -señala muy preocupado un colaborador de Javier Arenas- si las caras principales que ofrecemos son las del fracaso de aquellos días de Marzo , o sea, Acebes y Zaplana». El entrevistado confía en Mariano Rajoy pero duda que con ese entorno llegue muy lejos. También el Presidente Zapatero puede sorprendernos con una remodelación de entorno en el próximo año, corrigiendo los errores iniciales. Ha habido demasiadas metidas de pata, rectificaciones imprescindibles, incontinencias verbales y algunos desperfectos todavía por reparar. Lo principal que está sin resolver es recuperar la relación con los Estados Unidos, le sugerimos al ministro Montilla. Entendimos en el silencio de su respuesta que estaba de acuerdo con la apreciación. Otros ministros coinciden. Y Cataluña, entretanto, corrió a esconderse bajo el manto del 11-M: pleno del Parlamento el 10 de Marzo y pleno del Ayuntamiento de Barcelona sobre el Carmelo. Moción de censura de Piqué y querella de Artur Mas. Todos contra un Maragall que ha decepcionado a todos en general y a los suyos en particular, aunque públicamente lo respalden. Cataluña ha perdido con esta crisis mucho más que el 3% de su prestigio interno y externo multiplicado por la pirueta final de un Maragall pidiendo excusas, un Mas retirando la querella y un Piqué retirando la moción para así poder presentarla de nuevo más adelante. Demasiado rocambolesco e insuficiente para una opinión pública que ahora intuye con más datos cuanta corrupción pública había bajo el manto de la normalidad pujolista. En Cataluña se escriben cosas en la prensa que eran inconcebibles hace un año, como este final de artículo de Francesc- Marc Alvaro en La Vanguardia : «El maragallismo, una vez en el poder, se ha revelado como la fase terminal y catastrófica del pujolismo».