Diario de León

«Yo nunca pensé que mi hijo iba a tener un trabajo, porque aquí en Ciñera lo único que hay es la mina», afirma su madre

La capacidad de un cromosoma de más

Rubén, un joven de 20 años, es el primer empleado municipal con síndrome de Down

Publicado por
Ana Gaitero - león
León

Creado:

Actualizado:

-Oiga usted, ¿a dónde va?, pregunta el policía a un joven que atraviesa la puerta de empleados del Ayuntamiento de León. -Me llamo Rubén y soy empleado del Ayuntamiento, contesta el chico, muy serio y solemne. «Lo dejé despachado», se ríe el chico. Rubén Valenciano es el primer trabajador municipal con síndrome de Down. Aquel día, el agente no pudo menos que echarse a reir ante el aplomo con que Rubén le respondió, casi sin detenerse, en su camino hacia la sexta planta, con el paquete de «la firma» debajo del brazo. «Empecé a trabajar el 22 de noviembre con un contrato de un año, a media jornada, como auxiliar de oficina», explica el muchacho, de 20 años de edad. Habla lento, pero seguro, entre mordisco y mordisco. Es la hora del bocadillo. «En realidad el contrato es de peón de servicios múltiples», precisa Susana Palombi, la técnica de la asociación que apoya a Rubén en su adaptación al mundo del trabajo. El muchacho necesitó menos de un mes de acompañamiento en la oficina para empezar a desenvolverse. «Lo que más me costó fue lo de la hoja», contesta Rubén acerca de las dificultades que ha encontrado. Se refiere -Susana le echa un cable de nuevo- al archivo de los documentos por orden numérico. «Susana me ayudó un poco, me hizo un triángulo con rayas y arriba me puso mayor y abajo menor». Susana le proporcionó otro pequeño truco para que colocara los expedientes en su sitio. «No había que pensar que eran documentos, podía pensar en ovejas o en cualquier otra cosa que a él le resultara fácil visualizar», explica Palombi. Desde que trabaja, Rubén ya no cobra la pensión de minusvalía que cobraba antes. Entre la prestación social y el sueldo del Ayuntamiento elige, con guasa que «las dos», pero como eso no es posible, rectifica y, después de pensarlo un poco, afirma que prefiere «venir a trabajar y ganar un sueldo». El empleo con apoyo es una modalidad de contratación para facilitar la integración laboral de personas con discapacidad intelectual y en el Ayuntamiento de León se ensaya, por primera vez, en la oficina de la Policía Local en el Palacio de Don Gutierre. Rubén realiza tareas de apoyo a la gestión de las tarjetas de residente, carga y descarga y aparcamiento de minusválidos, entre otras cosas. «Hago lo que me dice Belén y si tengo dudas le pregunto a ella», apostilla el joven. «Ensobro papeles para enviarlos al correo, abro las pegatinas y pongo las matrículas», señala. Rubén indica también que en su oficina se dan las tarjetas y las pegatinas «de residente y de cochera para pegarlas en el coche, porque si no se los llevan». Del trabajo, asegura, «me gusta todo», pero hay que ver la cara que se le pone cuando cuenta que cada día «voy al Ayuntamiento a llevar la firma a la sexta planta a Elena, que es quien se la da al concejal», agrega. Y «hay días que tengo que subir a la séptima, que es donde está el alcalde», aclara. Al bajar, deja o recoge correspondencia en el cajetín, «paso por delante de José Manuel», el funcionario que atiende el teléfono desde su silla de rueda «Nunca me había imaginado que trabajaría en una oficina», reconoce el chico. «Me puse muy contento, pero cuando se lo iba a decir a mis compañeros me dio un poco de miedo, por si no les parecía bien». Hasta noviembre, sus compañeros eran los alumnos y alumnas del programa de garantía social de Amidown. Aceptar el trabajo suponía romper con todas las rutinas del grupo, incluídos los tiempos de ocio porque Rubén viaja a diario desde Ciñera a León para trabajar y regresa al mediodía a su pueblo. Susana bromea con él sobre el poco empeño que ha puesto en conservar a la «novia» que tenía en el grupo. Rubén ríe y se escabulle: «Ahora lo mio es el trabajo». Está tan centrado en su nueva actividad que ni siquiera aceptó un café del alcalde cuando un día coincidieron en las «alturas» de Ordoño. «No sabía que era el alcalde», se excusa, «le dije que en ese momento no podía porque tenía que ir a trabajar». Al poco rato, supo que el alcalde había cambiado y era quien le acababa de invitar a café: «En noviembre me presentaron al alcalde, que era Paco, pero ahora entró Mario Amilivia», explica. De todas formas cree que hizo bien: «El trabajo es lo más importante», recalca. Con el mismo argumento despide al fotógrafo cuando entra en el despacho del palacio de Don Gutierre donde trabaja de diez a dos: «Ahora, tengo que trabajar», le dijo mientras empezaba a ensobrar los documentos. Su familia tampoco imaginó nunca una oportunidad como esta para Rubén. «Siempre pensamos que iba a trabajar en un centro especial de empleo u ocupacional, pero no aquí, en el Ayuntamiento», asegura su hermano Felipe, un minero prejubilado. «Yo nunca creí que Rubén iba a tener un trabajo, porque aquí no hay más que la mina», asegura su madre, Josefina. Rubén nació en Ciñera. Es el menor de cinco hermanos: Felipe, «es el que más me ayuda, porque estamos juntos», Hermi -«su nombre es Herminio», aclara- que trabaja en un centro comercial en Alcobendas, pero regresa a León todos los fines de semana: «voy con él al fútbol sala»; Migue , que es cura en Santa Cruz de Tenerife y José Luis, militar de aviación en Valencia. «Antes de venir a León, estuve en Ciñera, en el colegio público San Miguel Arcángel -cuenta Rubén- hasta sexto. Después pasé a los Maristas de Santa Lucía y allí hice los cuatro años de la ESO». Al terminar este ciclo de enseñanza obligatoria «hablaron mi padre y mi madre con los Maristas y con la orientadora y les dijeron que no era conveniente que me metieran en un centro interno, como pensaban ellos». Luego empezó un programa de garantía social de oficina en Amidown. Rubén sabe que ser una persona con síndrome de Down es que «soy distinto». «Mi madre me llamó un día y me dijo que me quería decir una cosa: tú eres diferente». Así empezó a tomar conciencia de que era una persona con síndrome de Down. Primero pensó que era una enfermedad, pero hoy esta idea se la intentan quitar de la cabeza. «No se tiene síndrome de Down, hay personas con síndrome de Down», aclara Susana Palombi. La diferencia crece con la edad «Cuando yo era pequeño no me daba cuenta de que era distinto», añade el chico. Con los críos del cole jugaba al escondite y se divertía en el patio, pero al crecer Rubén veía que se iba distanciando de los demás. «En Ciñera me conocen todos y me hablan a mí, pero tengo pocos amigos», reconoce. Tiene a su sobrino Noé, que es su ídolo, porque, como él, le gusta la música. «Pongo un CD y hasta que no se acaba no cambio». Le gusta todo, ahora especialmente las canciones de Patricia Manterola. Cuando llega a casa a la hora de la comida, Josefina y Laureano esperan a su hijo pequeño. «Hasta que no llega yo no estoy muy tranquila», reconoce la madre, aunque sabe que su hijo se desenvuelve «estupendamente» para ir y volver de la estación de autobuses al trabajo». «Un día mi madre me llamó y dijo que quería decirme una cosa, que era diferente de los demás. Cuando yo era pequeño no me daba cuenta de que era distinto» Pioneros Jorge y Carlos son los dos jóvenes con síndrome de Down que trabajan en Carrefour. Carlos (derecha) fue el pionero en acceder a un empleo con apoyo, pero ya es autónomo. Está en la línea de cajas. Jorge está en repostería en período de adaptación.

tracking