Los veranos serán entre cinco y siete grados más calurosos, aunque crecerá la intensidad de la lluvia en todo el territorio
León tendrá un clima mediterráneo a final de siglo y suelo menos productivo
La desertización, provocada por los incendios, absorberá la fertilidad de los cultivos de regadío
El calentamiento global del planeta convertirá durante este siglo el clima templado de León en mediterráneo y las zonas con características eurosiberianas -toda la montaña, desde Picos hasta Ancares- tenderán a moderarse. Esta es la conclusión más sobresaliente subrayada por los científicos que han elaborado el macroinforme sobre el impacto del cambio climático en España, además de la que vaticina una importante pérdida de productividad del campo leonés. Los cambios proyectados para el periodo 2071-2100 respecto a 1961-1990 estiman para el cuadrante donde se ubica León aumentos de dos a tres grados centígrados durante el invierno, otros tantos en primavera, de cinco a siete grados durante el verano e incrementos entre dos y tres grados centígrados durante el otoño. Habrá, asimismo, más lluvia durante el invierno y el otoño, frente a la aridez que amenaza a todas las regiones meridionales y mediterráneas. Se augura una mayor amplitud y frecuencia de anomalías térmicas mensuales en relación al clima actual, teniendo en cuenta que el Observatorio Meteorológico de la Virgen del Camino, con estadísticas desde 1937, ha detectado un considerable aumento de las temperaturas mínimas, aunque no de las máximas. Hay que recordar que en este perido la máxima absoluta es de 38,6 grados centígrados. Con los pies en el suelo Con el cambio climático, el contenido en carbono orgánico de los suelos leoneses disminuirá por su elevado nivel de humedad, lo cual afectará de una forma negativa a las propiedades físicas, químicas y biológicas. La amenaza de la desertización, consecuencia de incendios forestales, también será determinante para la pérdida de fertilidad en suelos de regadío, que sufrirán una grave erosión. La naturaleza se rebelará con cambios bruscos tanto en el paisaje como en los ecosistemas terrestres y acuáticos y sectores como el turístico y el energético sufrirán graves prejuicios provocados por la escasez de recursos.