La práctica totalidad de los electores fueron nombrados durante el pontificado de Juan Pablo II
El cónclave se reunirá a los 15 días de la muerte del Papa para elegir sucesor
El Pontífice ha de ser votado por dos tercios o si no se logra acuerdo por mayoría absoluta
En las manos de ciento dieciocho cardenales que formarán el cónclave una vez fallecido Juan Pablo II está la elección del heredero del próximo Pontífice. Se trata de una de las representaciones más amplias de los purpurados desde que se estableció que fueran los cardenales en exclusiva quienes han de elegir al siguiente ocupante del trono de San Pedro, en 1492. En la actualidad el colegio cardenalicio está formado por 184 purpurados representantes de los cinco continentes, pero sólo podrán participar en el cónclave aquellos que no hayan superaron los 80 años de edad, como decretó Pablo VI en los años sesenta. A lo largo de los próximos días empezarán a llegar los cardenales a Roma para par-ticipar en las exequias, pero la tradición marca que el cónclave no comenzará hasta 15 días des-pués del fallecimiento del Papa, transcurridos ya los nueve días de los funerales. Durante esas semanas es tradicional que en reuniones privadas comiencen los movimientos para defender a sus candidatos. Cenas, reuniones, encuentros privados, será el tiempo de negociar. Una vez que se inicie el cónclave, sólo los 118 electores podrán deliberar entre ellos, y permanecerán incomunicados del mundo exterior, no podrán hablar por teléfono, ni recibir correspondencia. Esta incomunicación es una de las muestras de riguroso ritual del cónclave, termino que de hecho significa con llave, en referencia a que los cardenales, una vez que entraban para deliberar quedaban cerrados con llave. Hoy, esta medida ya no se toma pero la incomunicación permanece. El ritual comienza una vez que los cardenales se han instalado en sus habitaciones. En la constitución apostólica de 1996 Juan Pablo II establece entre otros muchos aspectos hasta los más mínimos deta-lles del inicio del cónclave. Entre ellos, señala que todos los cardenales se instalarán en la Domus Sanctae Marthae (residencia Santa Marta) man-dado construir por él mismo en la Ciudad del Vaticano. Tras las primeras reuniones, es el decano del colegio cardenalicio, en esta ocasión el alemán Joseph Ratzinger, en encargado de dar comienzo a la sesión, que tradicionalmente se celebra en la Capilla Sixtina. Allí sólo podrán asistir los 118 purpurados. El voto secreto La nueva constitución apostólica establece la fórmula del voto secreto para la elección de Pontífice. El próximo Papa deberá ser elegido por al menos dos tercios de los sufragios y el número de votos debe ser divisible en tres partes iguales, o de lo contrario, será necesario un voto más. Si después de sucesivas votaciones, ningún candidato obtuviera la mayoría de los dos tercios, los cardenales podrán expresar por mayoría absoluta su parecer sobre el modo de actuar. En cualquier caso, de continuar sin acuerdo tendrán que intentar elegir por mayoría absoluta (51%) o bien entre los dos nombres que en el escrutinio precedente hayan sido los más votados, también por mayoría absoluta. Los cardenales deben escribir en la papeleta con una caligrafía distinta a la suya habitual y tienen que guardar secreto sobre las votaciones, antes y después de la elección. Después de cada votación se queman las papeletas. Si no se ha elegido Papa, se debe provocar humo negro y si la votación ha prosperado, blanco.