Diario de León

«Yo, cardenal, prometo, me obligo y juro»

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efe | ciudad del vaticano

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La congregación de cardenales comenzó ayer su primera reunión para preparar el cónclave que elegirá al sucesor de Juan Pablo II. Al principio de la reunión y como establece la Constitución Apostólica Universi dominici gregis , aprobada por Juan Pablo II y sobre la Sede Vacante, los cardenales pronunciaron el juramento: «Nosotros, Cardenales de la Santa Iglesia Romana, del Orden de los Obispos, del de los Presbíteros y del de los Diáconos, prometemos, nos obligamos y juramos, todos y cada uno, observar exacta y fielmente todas las normas contenidas en la Constitución apostólica Universi Dominici Gregis del Sumo Pontífice Juan Pablo II, y mantener escrupulosamente el secreto sobre cualquier cosa que de algún modo tenga que ver con la elección del Romano Pontífice, o que por su naturaleza, durante la vacante de la Sede Apostólica, requiera el mismo secreto». Después, cada cardenal dijo: «Yo, cardenal ... prometo, me obligo y juro». Y poniendo la mano sobre los Evangelios, añadió: «Así me ayude Dios y estos Santos Evangelios que toco con mi mano». Los cardenales han sido convocados por el Carmarlengo, el español Eduardo Martínez Somalo, que ejerce el gobierno provisional en la etapa de Sede Vacante. La primera congregación de cardenales tras la muerte del Papa se celebró en la Sala Bolonia y a ella están llamados los 183 purpurados (en realidad son 184, ya que uno fue nombrado in pectore y todavía se ignora su identidad). Los electores en el futuro cónclave serán sólo los 117 príncipes de la Iglesia que cuentan con menos de 80 años (además del in pectore ), el número más alto de la historia de la Iglesia. El sucesor de Juan Pablo II podrá elegir libremente el nombre que utilizará durante su pontificado, que puede ser el de uno de sus antecesores, el de un santo o una versión latinizada de su nombre de pila. La regla quiere que el sucesor del apóstol Pedro en el trono de la Iglesia elija su nombre justo después de haber sido elegido por el colegio cardenalicio, reunido en cónclave. Juan Pablo I, elegido en 1978 y cuyo pontificado duró sólo 33 días, fue el primero que optó por un doble nombre, expresando así su apego a la herencia dejada por los pontífices Juan XXIII y Pablo VI. Juan Pablo II le siguió.

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