El PNV confía en la estrategia de una campaña aburrida
La campaña electoral vasca cerró el cuarto día sumida en el tedio ante la indiferencia general. Las intervenciones de los candidatos pasan sin pena ni gloria en medio de una atonía en la que tienen mucho que ver elementos ajenos, como la muerte del Papa, pero también endógenos: no hay la tensión que en el 2001 provocó el enfrentamiento sin cuartel entre nacionalistas y no nacionalistas, y la inactividad de ETA permite un cierto relajo. Hay sensación de que todo está decidido y sólo falta que llegue el 17 de abril para que se consume. La noticia de la muerte del Papa ha barrido la información sobre la campaña. Además de provocar la suspensión de los mítines principales el domingo, ha copado espacios informativos y ha relegado a puestos secundarios la contienda electoral. Pero a ello ha contribuido también la ausencia de un verdadero clima de disputa política, que tiene reflejo incluso en las calles: por no haber, casi no hay carteles ni coches con la habitual y atronante megafonía proselitista. Fuera Batasuna y su heredera del juego electoral, ninguna fuerza política ha querido asumir el papel de perturbador de la campaña. La coalición PNV-EA y el PSE se disputan la centralizad política de Euskadi. La alianza ha reeditado la teoría de las 'dos orillas': coloca en una a socialistas y populares y en la otra Batasuna, mientras el nacionalismo ocupa el cauce central. Los socialistas, por su parte, quieren arrogarse el papel de ser la única fuerza capaz de entenderse a la vez con el nacionalismo y con el PP. «Desde el anuncio del plan Ibarretxe hasta su presentación, 60.000 jóvenes se han ido» LEOPOLDO BARREDA Cabeza de lista del PP