«El Papa ha muerto; aquí no manda nadie»
La muerte de Juan Pablo II ha dejado temporalmente a la Iglesia sin su pastor. Aunque el cardenal camarlengo tiene asumida la dirección de la institución hasta el nombramiento del nuevo pontífice, en el Vaticano a veces se nota que se han quedado sin jefe. «El Papa ha muerto; aquí no manda nadie». Uno de los agentes de seguridad que intentan poner orden en el caos controlado que se vive en este Estado en miniatura intenta explicar por qué algunas cosas funcionan como si las nuevas tecnologías, a las que Karol Wojtyla tanto partido supo sacar, parecen no haber llegado a este enclave ubicado en el corazón de Italia. «Son las normas...» Conseguir una acreditación de prensa, por ejemplo, puede ocupar al desesperado reportero hasta ocho horas de plante en una cola congelada en el espacio y, sobre todo, en el tiempo. Los permisos se resuelven al más puro estilo amanuense, porque en el Vaticano el mejor salvoconducto no es un documento: la mejor forma de franquear las decenas de barreras instaladas para organizar el densísimo tráfico de fieles y curiosos es portar una sotana.