Diario de León

Todos los candidatos señalan que una alta abstención favorecería los intereses del PNV-EA

Los nacionalistas dan por hecho que no alcanzarán la mayoría absoluta

La coalición PNV-EA coincide en que el PSOE podría superar hoy los veinte escaños

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«Si la abstención supera el 30%, ganará Ibarretxe», han augurado un militante del PSE bilbaína, una popular residente en Guecho y un simpatizante de EB-IU de Portugalete. Las razones que esgrimen para explicar esa opinión también coinciden: «El electorado peneuvista es muy fiel», precisó José Fernández Arruti, hijo de salmantino y vitoriana, miembro de Comisiones Obreras y votante asiduo «de Anguita, que conste, porque yo voto a los de Madrazo por Anguita, que es el único que no tiene pelos en la lengua». De los casi 1,8 millones de vascos llamados a la urnas, más de la mitad, exactamente 970.957, residen en la provincia de Vizcaya y de éstos, 303.504 en el municipio de Bilbao. Esas proporciones, unidas a que el grado de participación siempre ha sido más alto en las ciudades que en el rural, ratifica que los resultados que se registren en los municipios del gran Bilbao, el hinterland de San Sebastián y Vitoria -que en su conjunto acumulan más del 75% de los electores- serán decisivos. En los últimos comicios autonómicos, en mayo del 2001, la coalición PNV-EA cosechó 604.222 votos; el PP (que en Álava concurría coligado con Unidad Alavesa) obtuvo 326.933; los socialistas sumaron 253.195; la lista aberzale (Euskal Herritarrok) alcanzó los 143.139; y la candidatura de EB-IU reunió 78.862 papeletas. Sin embargo, con motivo de las elecciones municipales de mayo del 2003, los 747.361 votos que dos años antes habían sumado las candidaturas nacionalistas (PNV, EA y aberzales) se quedaron en 498.475; lo que se explicaría, según los analistas, por la no concurrencia de los radicales, por el aumento de la abstención y, sobre todo, porque en los comicios locales se había superado -o silenciado- el frente entre nacionalistas y no nacionalistas, entre vasquistas y españolistas, que imprimieron en sus campañas todos los partidos. Sin embargo, precisamente en las municipales del 2003, atemperada la batalla entre identidades y sentimientos, los candidatos socialistas y los de EB-IU conservaron prácticamente sus votantes; mientras que los populares, que ya habían roto con Unidad Alavesa, perdieron más de 110.000 votantes y PNV-EA más de 150.000. La probada influencia del factor identitario en el comportamiento de los electores habría propiciado que durante la última semana de la campaña tanto PNV-EA como PP hayan intensificado los intercambios de acusaciones y que hayan mezclado al PSE-PSOE en una polémica que sus líderes intentaban evitar a toda costa. Sin embargo, hoy, a pesar del empeño de Ibarretxe (PNV-EA) y de San Gil (PP), en la calle no se vive ninguna batalla entre vasquistas y españolistas. Las discrepancias -que existen y a veces son graves- no han sido ni están emponzoñadas como durante la campaña de las autonómicas del 2001. Nadie duda de tres cosas. Primero, PNV-EA será la alternativa más votada, pero en ningún caso alcanzaría la mayoría absoluta. Segundo, el PSE-PSOE alcanzará los 20 escaños y, tercero, el PP reunirá en torno a 200.000 papeletas, un 30% menos que en las autonómicas de hace cuatro años. El Partido Comunista de las Tierras Vascas, al que muchos consideran heredero de la ilegalizada Batasuna, podría lograr varios escaños. Ayer, su presidenta, Nekane Erauskin, dedicó la jornada a «reflexionar sobre la paz», después de una campaña electoral en la que no pareció pesarle mucho las continúas manifestaciones sobre su posible ilegación; rumores que aún no se han apagado.

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