Diario de León

El Papa inicia su Pontificado ante la presencia de medio millón de fieles que interrumpen su homilía con aplau sos

Benedicto XVI alerta sobre los «desiertos interiores» de la sociedad

Asegura que su programa no es aplicar sus ideas «sino escuchar la voluntad del Senor»

Momento en el que Benedicto XVI recibe la mitra papal durante la ceremonia celebrada en San Pedro

Momento en el que Benedicto XVI recibe la mitra papal durante la ceremonia celebrada en San Pedro

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«En este momento no necesito presentar un programa de gobierno, mi verdadero programa de gobierno no es hacer mi voluntad, no es seguir mis propias ideas, sino ponerme a la escucha de la palabra y de la voluntad del Señor». En una homilía cargada de simbolismo, el papa Benedicto XVI inició ayer su pontificado desprendiéndose de la imagen que durante 24 años cultivó como cardenal. El Papa, que recogió el palio y el anillo de San Pedro después de la lectura del Evangelio en latín y en griego, y caminó con el báculo de Pablo VI que también portó Juan Pablo II, se remitió, para su «programa político», a las palabras que pronunció el pasado día 20, un día después de ser elegido en el cuarto escrutinio del cónclave. Entonces exhibió un talante conciliador desconocido hasta ese momento y llamó a la unidad de cristianos. Dos días antes, había realizado un discurso radicalmente distinto, pidiendo una Iglesia fuerte frente a los cambios del mundo moderno y a la «dictadura» del relativismo. En una plaza de la basílica de San Pedro repleta de autoridades, cardenales, obispos, religiosos y seglares venidos de todos los puntos del planeta, Benedicto XVI dijo que, para Cristo, no es indiferente «que muchas personas vaguen por el desierto. Y hay muchas formas de desierto: el de la pobreza, el del hambre y el de la sed, el del abandono, el de la soledad y el del amor quebrantado». Además, añadió, «los desiertos exteriores se multiplican en el mundo, porque se han extendido los interiores». Aunque finalmente no hizo referencia al conflicto entre el Vaticano y el Gobierno español a raíz de la aprobación de los matrimonios gais, el Pontífice sí lanzó un mensaje «a los poderosos del mundo. Sí, él (Cristo) ciertamente les habría quitado algo, -prosiguió-: el dominio de la corrupción, del quebrantamiento del derecho y de la arbitrariedad». El grueso de la homilía pronunciada por el Papa ante unos 400.000 fieles tuvo que ver con los dos signos con los que se representa de manera litúrgica el ministerio de Pedro. La impresionante ceremoniacomenzó en el interior de la basílica, donde los cardenales y el nuevo Pontífice recogieron el palio y el anillo del sepulcro del apóstol. «¡Viva el Papa!» Benedicto XVI fue recibido con gritos de «¡viva el Papa!» al salir de la basílica y dirigirse al altar. Vestido con una casulla dorada se identificó como el «débil siervo» que ha de asumir un cometido que calificó como «inaudito, que supera realmente toda capacidad humana» de «atar y desatar», y se mostró dichoso porque a la muerte de Juan Pablo II se manifestó algo «de modo maravilloso ante nuestros ojos: que la Iglesia está viva. Y que la Iglesia es joven».

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