En León los orígenes del sindicato ugetista se confunden con el Partido Socialista y las primeras sociedades son del XX
La gesta de un siglo de lucha social
La UGT cuenta con la primera aproximación a su historia centenaria en Castilla y León
Tipógrafos, mineros, cardadores, cantareros, constructores de calzado, bauleros, panaderos, jalmeros, tejedores, tundidores, hiladores, panaderos, guanteros, agricultores, peones, canteros, alfareros, bataneros, albañiles, ebanistas, trabajadores de oficios varios, obreros del hierro y de la madera, marmolistas, trabajadores fabriles, percheros, prenseros, apartadores de lana, tintoreros y blanqueadores... Los oficios que constituyeron el movimiento de la Unión General de Trabajadores en el territorio que hoy es Castilla y León suenan como látidos de una época ya lejana porque la industrialización y la modernización de la sociedad ha acabado con muchas de aquellas ocupaciones. En septiembre de 1900 se contabilizaban 174 afiliados en la provincia de León y se alcanzaría la cifra de 800 en 1903, pero bajando hasta 185 en 1909. Un siglo después la UGT de León es la organización más numerosa de la comunidad, con 12.376 afiliados de media en los últimos cuatro años, por delante de Valladolid pese al declive minero e industrial de la provincia leonesa. La Fundación 27 de marzo, creada por UGT de Castilla y León, ha rescatado su historia y la de los últimos cien años de la organización socialista en la primera investigación hecha por historiadores que se realiza sobre el sindicato fundado entre otros, por el tipógrafo Pablo Iglesias en 1888 en Barcelona. En el encuentro de aquel legendario 12 de agosto, al que acudieron 25 representantes de 41 sociedades, sólo estuvo presente del actual territorio de la comunidad la sección tipográfica de Burgos, que se había constituido dos años antes y es la primera referencia hallada por el historiador Javier Rodríguez de la presencia de UGT en Castilla y León. León no estuvo en aquel congreso fundacional. La primera prueba documental que se ha encontrado de la presencia de una agrupación socialista en la provincia es del 18 de febrero de 1898 en El Socialista , el órgano oficial del Partido Socialista Obrero Español. Se trata, además, de la agrupación de Astorga cuyo comité aparece presidido por Juan de la Cruz. El 5 de enero de 1900 se publica en las mismas páginas la composición del comité de la agrupación de León, que preside Abelardo Pérez. «La lenta implantación de la UGT en la región era un reflejo de lo que sucedía a nivel nacional, donde el despegue no se produciría hasta finales de siglo», precisa el historiador en el primer capítulo del libro, coordinado por el catedrático de la Universidad de Salamanca Manuel Redero San Román. Los obstáculos eran muchos y no precisamente fáciles de sortear: «Los salarios de miseria de la clase obrera, la pobreza de las asociaciones, lo reducido de las cuotas, las represiones de los patronos contra los obreros que destacaban por los problemas societarios, incluyéndolos en las listas negras», apunta Rodríguez. Ya en 1900 y 1901 se reseñan las primeras celebraciones del 1º de mayo en León, Burgos, Salamanca y Valladolid. En 1902, además, en León se hizo una colecta para los huelguistas de Teba y en Valladolid salió la manifestación pese a los impedimentos del gobernador civil. En Béjar, una localidad donde la industria textil empleaba a numerosos obreros, también se manifestaron, al igual que en Palencia. La falta de pago de cuotas es la causa de las numerosas bajas de agrupaciones que se producen en 1906 en León, entre otras de las secciones de los mineros de Ciñera y los curtidores de León, así como las sociedades de agricultores de Gordoncillo. La organización de los empleados del ferrocarril, muy esperada, llegaría más tarde, en la segunda década del siglo, y también por entonces, en 1913 se conforma la Federación Minera en las cuencas leonesas y palentina, aunque, según José Luis Martínez Celada, otro de los autores, «aunque relacionada con la tradición ugetista siempre tuvo más que ver con la impronta regional asturiana que con el rigorismo centralista madrileño». La organización obrera del XIX pretendía no sólo superar el individualismo que había caracterizado hasta entonces las relaciones laborales. Pretendían, según Javier Rodríguez, «la reforma tanto del aparato productivo y de la administración como del marco general de las relaciones laborales» por lo que incluían en sus reivindicaciones no sólo la mejora salarial y la reducción de la jornada de trabajo, sino también «la mayor instrucción posible de los trabajadores y hacerles tomar parte en la vida política». En Castilla y León no hay muchos rastros de movilizaciones en el siglo XIX, aunque la investigación reseña el caso de la huelga auspiciada en 1899 por la Sociedad de Obreros Panaderos de Valladolid que se saldó con un aumento del salario por término medio de 50 centímos. Pero más importante fue la que lideró la Sociedad de Guanteros de Burgos. Los fabricantes despidieron a los huelguistas -58 guanteros y cinco aprendices- y además a los demás trabajadores de la fábrica, desde costureras a curtidores. El comité nacional de la UGT llamó a la solidaridad del todo el sector, en España y Portugal, «para impedir que esos explotadores consigan rebajar, como pretenden, los precios de la mano de obra». La falta de operarios con que reemplazar a los huelguistas, «la estrecha unión que estos han mantenido y el auxilio que prestaba a los mismos la Unión General de Trabajadores», precisa El Socialista , favorecieron la solución a favor de los obreros. Pero es la huelga de 1917, tras el acuerdo histórico entre UGT y CNT, la que más eco tiene en la historia del sindicato en León. Juan Antonio Álvarez Coque y Miguel Carro, ambos concejales del Ayuntamiento de León, son las cabezas visibles de ese acuerdo sindical en León. «CNT y UGT tuvieron la capacidad de convocar un paro pacífico que resultaría ser un rotundo éxito», subraya Martínez Celada. En León fueron encarcelados y despojados de sus cargos el alcalde, Miguel Castaño, y el concejal Álvarez Coque «por incitar a la huelga» y compartieron celda con «los agitadores Dionisio Nicolás y Natalio Saravia». En las cuencas mineras «se consiguió paralizar las explotaciones durante varios días», especialmente en La Pola de Gordón donde se concentraba «el contingente más aguerrido de la provincia». Se distinguieron los mineros, bajo el liderazgo de Agustín Marcos, por «cruzamiento absoluto de brazos», alejado de las implicaciones revolucionarias del manifiesto de la huelga, como los asturianos del SOMA y hubo «incidentes esporádicos en la cuenca de Sabero». Se interrumpió el ferrocarril La Robla-Valmaseda -ni un sólo tren circuló en cuatro días- y pero el 17 de agosto las cuencas se pusieron bajo control militar. Reivindicaciones Jornada legal de ocho horas de trabajo para los adultos Prohibición del trabajo de los niños menores de 14 años Reducción de la jornada de trabajo a seis horas para los que tengan entre 14 y 18 Salario mínimo legal Igual salario para los trabajadores de los dos sexos Descanso de un día por semana o prohibición legal a los industriales de hacer trabajar a los obreros más de seis días por cada siete. Prohibición del trabajo a las mujeres cuando éste fuera poco higiénico o contrario a las buenas costumbres. Responsabilidad de los patronos en los accidentes de trabajo Cuantos conduzcan al término de la esclavitud obrera. «Aquí no quedó nada. Habían matado a casi todos, otros estaban en la cárcel. Había mucho miedo» FRANCISCO LÓPEZ, militante de UGT de Ávila sobre el «desierto» de la Dictadura