Diario de León

De las soflamas para asociarse a los paseados de la Guerra Civil

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«Compañeros: Veo con sentimiento el abandono en que teneis vuestros intereses, y que es causa de que vuestra situación económica empeore». Con este encabezamiento «Un explotado» invita a los trabajadores de León a asociarse «como lo hacen nuestros compañeros de otras partes» y «pensar en algo más que ir a los toros y distraeros en sitios que os conviene frecuentar poco, pues si ahora trabajais diariamente 13 o 14 horas, de continuar las cosas como están, los que os explotan harán que vuestra jornada sea de 15 o 16». La soflama se publica el 19 de julio de 1895 en El Socialista y concluye: «A la asociación, pues compañeros, que ella ha de darnos la fuerza de que individualmente carecemos». El documento es reseñado por Javier Rodríguez en el primer capítulo de «La Unión General de Trabajadores en Castilla y León (1888-1998). Historia de un compromiso». La investigación dirigida por Manuel Redero da cuenta de los altibajos vividos por la organización sindical a lo largo de todo un siglo -en 1920 el sindicato minero leonés tenía ya 3.998 afiliados, más que en la actualidad-, de la amplia presencia de parados entre sus afiliados desde los primeros tiempos y la estrecha relación con el Partido Socialista y con las ideas republicanas que acabaron con el triunfo de un nuevo régimen, la II República española, el 14 de abril de 1931. Es en este período cuando prolifera la construcción de casas del pueblo como centro político y cultural y se impulsan las mutualidades obreras para proteger a afiliados y familiares en caso de huelga. Entre las curiosidades de esta época aparece también la fundación del Grupo Obrero Femenino UGT de Benavente, subraya Juan María Carreño. autor de este capítulo, donde se hace hincapié en los intentos de UGT por «evitar conflictos que desestabilizaran el régimen republicano», aunque también se dieron huelgas con la participación e incluso con la convocatoria del sindicato ugetista. León es una de las provincias de más conflictividad social durante la II República con casi un centenar de huelgas contabilizadas entre 1932 y 1934. Salamanca y León fueron, de hecho, las dos provincias donde tuvo más éxito la huelga revolucionaria del 34. La Democracia lamentaba la muerte de un joven ferroviario en la ciudad leonesa, mientras que el Diario de León intentó demostrar que la huelga general «había fracasado tanto en la provincia como en la capital». La etapa de la Guerra Civil tiene un capítulo específico, elaborado por Enrique Berzal de la Rosa, en el que se da cuenta desde las ejecuciones tempranas de dirigentes como Arturo Pérez Pita, del Bierzo; Miguel Carro Llamazarez, líder ugetista y concejal del Ayuntamiento de León. La misma suerte corrieron los dirigentes del sindicato ferroviario Preciados, Colado y Bergantinos y una larga lista. En enero de 1937 todavía se contabilizan en León 3.565 afiliados y la UGT organiza la ejecutiva del Sindicato Nacional Ferroviario-Consejo Obrero del Norte en Busdongo «ante el hecho de haber tenido que ausentarse de León por ser ocupada esta ciudad por las ordas fascistas». Villamanín también se convirtió en otro punto de referencia de la UGT mientras pervivió el frente norte republicano en la provincia. El 14 de abril de 1937 se celebró aquí un pleno de las secciones de UGT. La caída del frente dio paso a otra etapa de lucha, la de la guerrilla antifranquista, de la que muchos de sus protagonistas eran ugetistas, como Marcelino Fernández Villanueva, el Gafas, líder de este movimiento ya mítico desde 1941. El desierto y la reconstrucción del sindicato duraron 40 años y la transición y la creación de la organización de Castilla y León, hoy auténtico núcleo de poder del sindicato, no llegaría hasta 1998. Desde entonces, su secretario ha sido Fermín Carnero, que dará el relevo en octubre de este año.

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