| Crónica | Esperando el día D |
Galicia se prepara para hacer en las urnas un plebiscito a Fraga
El veterano dirigente popular aspira a la quinta mayoría absoluta que le permitiría seguir al frente de la Xunta. Las encuestas vaticinan que gobernará una coalición PSdeG-BNG

Un grupo de agentes electorales del PSOE, provistos de carros, reparten propaganda electoral
Con la jornada de reflexión de hoy, los gallegos ponen fin a la campaña electoral más reñida de su historia autonómica, en la que las tres fuerzas políticas parlamentarias -PPdeG, PSdeG-PSOE y BNG- someten a plebiscito la gestión del presidente de la Xunta, Manuel Fraga, que aspira a lograr su quinta mayoría absoluta, mientras socialistas y nacionalistas creen que ya es hora de tomar el relevo. Los partidos de la oposición plantearon estas elecciones como el punto final de la carrera política de Fraga y la sentencia definitiva a sus 16 años de gobierno en la Xunta. Por su parte, el PP se presentó a los comicios con el bagaje del veterano político como divisa y el compromiso de su despedida como reclamo. Pero el anciano candidato popular desplegó tanta energía en esta campaña que no parece decidido a renunciar a nada. Es más, completó el discurso electoral en la última semana con un rosario de ofertas de futuro para culminar su proyecto político -que ve todavía inacabado- con el fin de construir la Supergalicia . Los populares, a través de su acción de gobierno, hicieron una precampaña exitosa para denunciar los incumplimientos del Plan Galicia y adelantaron las elecciones con la intención de impedir que el Gobierno socialista aprovechara el verano y la preparación de los próximos Presupuestos para inundar de propuestas la comunidad. Tras la convocatoria, disminuyó de forma considerable la expectativa de voto del PP y Fraga empezó la campaña muy nervioso, insultando a diestro y siniestro y haciéndole el juego a sus adversarios. En la primera semana, se tomó la disputa como un asunto personal y sus colaboradores pedían el voto para no darle un disgusto en la «última oportunidad» de su trayectoria. Superado el ecuador, los populares vieron mejorar sus apoyos gracias a un «golpe de timón» que aplicó el coordinador de la campaña, Xosé Crespo. Le costó Dios y ayuda embridar a Don Manuel, que hizo verdaderos esfuerzos para no entrar al trapo de las provocaciones, reprimir su natural bronco y limitarse a presentar sus promesas de Gobierno ateniéndose al papel que elaboraba su equipo. Lo que no consiguió nadie es que mejorara su carácter y redujera un ápice su desaforada actividad, que tumbó a más de un escolta mientras el octogenario seguía pidiendo más cosas que hacer en los escasos descansos de sus correrías. Mientras tanto, los socialistas diseñaron una campaña «en positivo», con propuestas y ofertas de gobierno desde el primer día y sin entrar en disputas con su adversario del PP. Sólo en la recta final, Pérez Touriño se permitió dedicar a Fraga más atención para identificarlo con la parálisis y el retroceso de Galicia, apuntar que su continuidad será un riesgo para el país por los problemas que traerá la sucesión que tiene pendiente. El candidato socialista se presentó siempre como un auténtico presidente de la Xunta, sensato, dialogante y dispuesto a la concertación con sus posibles socios del BNG. Todo, «por el cambio» y para tener «un gobierno de todos y para todos». En este empeño por parecer presidenciable se volcó también el aspirante del Bloque Nacionalista Galego, Anxo Quintana. A pesar de que está al frente de la segunda fuerza política de Galicia, los problemas causados por el relevo de Xosé Manuel Beiras, y el ciclo alcista de los socialistas, hacían poco creíbles sus ofertas. Pero Quintana obtuvo una enorme rentabilidad de esta campaña, que le sirvió para darse a conocer, forjarse como líder y ganar la confianza de quienes identificaban su fuerza política con la radicalidad de sus fundadores. Sus mensajes fueron más que moderados, conciliadores, de consenso y despojados de buena parte de la tradicional parafernalia del nacionalismo. «No somos independentistas» fue su primer guiño para captar votos.