Los gallegos dan la victoria a Fraga, pero piden su relevo

Los colegios electorales y el turismo fueron ayer los protagonistas
Los gallegos han permitido que Manuel Fraga coloque al PP en la puerta de la Xunta. Pero a falta de conocer el sentido del voto de los emigrantes, la debilidad de la victoria es un serio aviso para el futuro, una advertencia de que ésta puede ser la última ocasión si no hay un profundo cambio y un relevo que debe empezar por su presidente. Fuentes del PP reconocían este domingo que el mensaje del electorado obliga a Fraga a retirarse y dar paso a un sucesor que recoja mejor las aspiraciones de los nuevos gallegos. La izquierda socialista y nacionalista no logró convertir en vuelco electoral el desgaste del PP tras 16 años en el poder de forma continuada, con un candidato octogenario y cascarrabias, serias divisiones internas en la organización y el arrastre de una partido en retroceso en España a causa de su derrota electoral el 14-M. El «efecto ZP» fracasó en Galicia y el candidato socialista, Emilio Pérez Touriño, fue incapaz de movilizar a su favor a un electorado harto de muchos vicios que adquirió el PP en el poder y de Fraga. Los gallegos tampoco acabaron de fiarse de la aparente moderación del nuevo líder del BNG, Anxo Quintana, que apenas tuvo tiempo de darse a conocer tras su accidentada llegada al liderazgo de la organización que abandonó con un portazo su predecesor, Xosé Manuel Beiras. Por el contrario, los populares lograron que calara su mensaje de miedo a la incertidumbre del cambio, de los riesgos que podría entrañar una coalición de los socialistas con los nacionalistas, al estilo del tripartito catalán. A la vista de los resultados, el retroceso del «plan Galicia» le costó caro al PSOE, porque caló de forma eficaz la idea de que el Gobierno central había ignorado los compromisos adquiridos por el PP de José María Aznar y frenó las inversiones para destinar el dinero a otras zonas de España. La continuidad que ofreció Fraga, que hasta el último minuto de la campaña mantuvo su actividad institucional y prometió nuevas inversiones y proyectos de futuro, convenció a la mayoría de los votantes que prefirieron apostar por lo conocido antes de arriesgarse a explorar lo que se le proponía conocer. La pérdida de cuatro escaños es el reflejo del agotamiento del electorado ante un PP prisionero de su propia incapacidad para organizar la sucesión del presidente. Muchos votantes tradicionales de la derecha o del centro derecha se acercaron a las urnas «con el dedo en la nariz» por su disconformidad con la candidatura del anciano presidente, pero sólo algunos de sus detractores se quedaron en casa. Las salidas de tono de Fraga en la campaña aumentaron el rechazo de muchos pero no disuadieron a quienes ya tenían decidido apostar por el partido a pesar del candidato. Susto Los dirigentes del PP se llevaron este domingo un susto monumental que se vio recompensado con el resultado electoral. Durante toda la jornada de las votaciones -en coincidencia con lo que sucedió en la campaña electoral-, los sondeos pronosticaron la debacle para el partido gobernante. A partir del mediodía, empezaron a llegar a la sede del partido en Madrid los datos recogidos por los dirigentes gallegos con todas las proyecciones electorales realizadas a partir de las encuestas a pie de urna. Cuando las expectativas apenas alcanzaban los 31 escaños, muchos en la calle Génova (sede central del PP), se echaron las manos a la cabeza y alguien pensó que era hora de decírselo a Fraga. El presidente gallego se encontraba en su domicilio, a donde regresó tras votar, comer y jugar al dominó en su pueblo de Villalba. «Presidente, los sondeos nos dan una horquilla entre 31 y 37», le comunicó al filo de las siete de la tarde uno de sus colaboradores. «Hay que esperar al escrutinio», dijo con rostro sombrío y decidió acelerar su marcha a las oficinas del partido en Santiago. Le esperaban a la entrada de la sede de Puerta del Camino el secretario general, Xesús Palmou, y el secretario ejecutivo de Organización, Juan Carlos Vera. «Vamos a mi despacho a ver eso», les dijo también con gesto circunspecto. En cualquier caso, el presidente había prometido a sus colaboradores que no renunciaba a la fiesta prevista tras el escrutinio. «Aunque se pierda habrá champán», les había asegurado. «Yo he venido para estar con Manuel Fraga porque si gana éste es el final de su carrera política y si pierde también es el final», comentaba Manuel Millán Mestre, uno de los máximos exponentes del fraguismo catalán del que se desplazó a Galicia un grupo nutrido. Como ellos, acudieron a la sede del partido otros dirigentes históricos, como Loyola de Palacio y Gerardo Fernández Albor, que se concentraron en el despacho del presidente para acompañarle en momentos que se preveían difíciles, a juzgar por todas las encuestas.