Diario de León

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Religión, cultura y tradición

«Para el ente autónomo que nos engloba, la región leonesa no existe, de ahí a que, quien no existe no necesita patronazgo alguno, hay sólo un paso: la Fundación Villalar»

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Máximo Soto Calvo león
León

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A la «ensoñación» de un pastor leonés, cuando por estos lares los pastos eran tan vastos como solitarios, y el triscar monocorde del rebaño pastando eran casi su única audición cotidiana, la «Señora», desde el cielo al que él miraba escrutador en busca de la lluvia que suponía verdor y sustento, quiso tenderle, y tendernos su mano generosa a todos los leoneses, para el inicio de una relación materno filial de compromiso mutuo, allá por el año 1505. La espiritualidad de todo un pueblo pondría el resto. Y, desde aquel entonces, anunciada su Aparición, y elevada la primera ermita, el tiempo, mutante y diverso, no ha modificado el sentir primigenio, y la huella de los leoneses en un ir y venir peregrino hacia su templo, sigue siendo la misma que hoy seguimos. Sin duda el patronazgo de nuestra Madre del Camino sobre la Región Leonesa ha sido determinante. La Hermandad de la Sobarriba, pionera en devoción ante Ella, siendo portadora de la esencia de un ancestral temperamento, de un estilo de vida al compás de la cultura leonesa, llegó con su tradición romera, un voto secular que habría de transferir, y unas Normas que recogían y ordenaban sus actos. Hoy a la Sobarriba, con sus derechos y obligaciones intactas a ese respecto, entroncada en los llamados Ayuntamientos del Voto, la tradición sigue avalándola, distinguiéndola y reconociéndola, pero en la medida que los poderes políticos de la capital se infiltran el pueblo llano es desplazado. Con motivo del V centenario de su Aparición y el 75 aniversario de su Coronación como Patrona de la Región Leonesa, La Virgen del Camino ha sido traída a hombros, y del mismo modo llevada, con presumible emoción y sencillez, por el pueblo leonés, fiel a su religiosidad y/o a la tradición secular, justamente durante el trayecto comprendido entre el Santuario y San Marcos. No había rogativa esta vez, aunque, en orden a su patronazgo, el Pueblo Leonés tenga mucho que pedirla. El boato, la pompa y la bambolla, una vez más, corrió a cargo del consistorio capitalino precisamente entre San Marcos y San Marcelo, su turno, pero no actuando con acatamiento porteador, sino como portadores privilegiados a mayor gloria del cargo que saben explotar. Por supuesto no ignoro que la tradición, y el Voto, les faculta para que sus hombros estén donde pueden estar; mas, el aditamento pretencioso es de voluntad individual, ¿o no? Para el ente autónomo que nos engloba, la Región Leonesa no existe, de ahí a que, quien no existe no necesita patronazgo alguno, hay tan sólo un paso: La Fundación Villalar. Entonces, señores de la fundación: ¿por qué no desposeer a la Madre del Camino del título otorgado? Así nos borran también del mapa religioso. Tal parece que el consistorio capitalino asume esa inexistencia, pues a juzgar por la ausencia de adornos, banderas leonesas, escudos leoneses etcétera, que nos significan, tanto en la acogida como en la despedida de la Patrona, en mayo pasado, tal vez para no molestar a «los jefes» autonómicos, parece querer venir a corroborarlo Los ciudadanos de la capital no hemos colaborado en ese menester, salvo honrosas excepciones. En La Condesa, Ordoño II ¿ el recorrido tradicional, han faltado ornamentos y voluntad de ser. No ha ocurrido así en La Virgen del Camino, y en especial enTrobajo del Camino, cuyo Ayuntamiento marcó la pauta, y los vecinos han cumplido a satisfacción, y con regusto de antaño y tradicional. El pueblo leonés, en su sencillez, si de algo peca es de falta de expresividad en sus comportamientos sociales. La razón, tal vez haya que ir a buscarla en el individualismo tribal heredado de los Astures. Nos cuesta mostrar o dar a conocer los sentimientos, y si nuestro corregimiento, a estas alturas, ignora que se necesita de fuertes estímulos para movilizarnos y hacer aflorar el valor que interiorizamos como poso de lo medieval legionense, no cabe duda que desconoce a los leoneses. El «bando» lanzado, dicho sin más ánimo que resaltar su escasa incidencia, amén de corto, resulta frío, sin el florilegio que sabía imprimir a los suyos Tierno Galván, el viejo profesor. Hay que caldear el ambiente desde el aparato político, por ejemplo. Claro que esto se lo reservan para sus batallas electorales. Si hubiera tenido oportunidad, al gran invitado a la despedida de la Virgen del Camino, al presidente de la Junta política que nos administra, le habría formulado una pregunta muy directa: ¿El Pueblo Leonés existe o no, señor Herrera?, Y siguiendo con la oportunidad de elegir momento, hubiera preferido cuando nuestro Corregidor y el señor Obispo estuvieran como testigos directos. Y rizando el rizo, a los pies de la «Reina y Madre del pueblo leonés». Pero tan altos personajes políticos tan sólo son asequibles para el pueblo, aunque yendo a «su bola», en las etapas electorales. Sé que fue invitado, sé que el PP tenía interés en dejarle ver en tal acto, pero su presencia se me antoja un pelín hipócrita. Señores políticos de León, ¿por qué pasan por alto la infamante negación del ente a reconocer a los leoneses como un pueblo histórico perfectamente diferenciado? La Señora, Nuestra Madre del Camino, que a Alvar Simón habló para todos nosotros los leoneses, lo de Patrona de la Región Leonesa ¿se la ha quedado en un título como para andar por casa?

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