| Entrevista | Javier Castroviejo Bolivar |
«Es incomprensible que las minas sean una amenaza»
El responsable del MAB se adhiere a la contestación social contra los cielos abiertos en Laciana

Javier Castroviejo lleva el programa MAB desde Sevilla
Desde la sede sevillana del programa de la Unesco Hombre y Biosfera -en inglés, Man and Biosfere (MAB)-, su presidente apuesta por cerrar en diez años la protección de la Gran Cantábrica, nombre que recibe el corredor montañoso desde los montes de Orense hasta Fuentes Carrionas. -¿Cuáles son las razones que ha visto la Unesco para declarar tres nuevas unidades de la Gran Cantábrica como Reserva de la Biosfera? -Cada uno de estos espacios tiene unos valores intrínsecos notables y, en conjunto, contribuyen de forma esencial a contemplar la gran reserva de la Cordillera Cantábrica. Hablo de la belleza estética del paisaje, del buen estado de conservación de los sistemas naturales, todavía hay un uso racional de la naturaleza antiguo que está desapareciendo, y de que hay especies notables, desde el oso al lobo, que sufren amenazas serias. Con la figura de Reserva de la Biosfera, intentamos que se palíen generando un nuevo tipo de desarrollo. -¿Cuándo y qué englobará la denominada Gran Cantábrica? -De Laciana falta el Alto Sil, después Los Ancares para enlazar con Becerreá y las Terras do Miño y, por supuesto, El Caurel para empalmar con las sierras de Orense. Eso por el oeste. Por la parte del este hay que llegar al Parque Regional de Picos de Europa. En Asturias faltan los municipios de Pola, Aller y Amieva, en Asturias. También está muy avanzada la inclusión de la montaña palentina y los municipios aledaños de Cantabria. Todo eso no se puede hacer en un día, pero calculo que en dos lustros esto estará cerrado. -¿Qué supone realmente una declaración de este tipo? -Supone un pacto entre los habitantes, que se deben comprometer a impulsar cierto tipo de desarrollo, y observar las zonas núcleo. Por parte de la Unesco, se pone la reserva de turno en el mapa mundial y facilita la conservación y, a fin de cuentas, el desarrollo económico de verdad. -¿Apuesta por la gestión unitaria en todos los espacios cantábricos? -La gestión única no es fácil porque las personas y las instituciones son recelosas de lo suyo propio. La Gran Cantábrica será viable siempre que se busque el consenso en factores comunes de actuación, manteniendo la diversidad. Me refiero a la promoción de productos, la distribución del turismo o los grandes planes de conservación. No creo que haya que ir a una administración que fuera homogeneizadora, esa especie de máquina que lo arrasa todo. Eso es una fórmula que elimina la diversidad biológica y cultural. -Desde el punto de vista de la Unesco, ¿cuál es la mayor amenaza de la Gran Cantábrica? -Laciana está claramente amenazada por las minas a cielo abierto. Es una cuestión incomprensible. Pero un fenómeno muy importante es que la población ya ha perdido el miedo, hay una contestación de verdad a la que yo me adhiero. Cualquier sector puede tener cabida si cumple las leyes. Tenemos que hacer que los cielos abiertos cumplan escrupulosamente las leyes de impacto ambiental, la directiva comunitaria de aguas, las LIC y las zonas Zepa, la restauración de los espacios, etcétera.