Diario de León

| Informe | Caras del desempleo femenino |

El paro se tiñe de color violeta

Casi el 70% de las personas que piden asesoramiento para encontrar trabajo en la provincia son mujeres; entre las jóvenes, el 88% tienen estudios superiores

Ana Gaitero
León

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Casi el 70% de las personas que solicitan orientación laboral en León son mujeres que, de media, tienen entre 25 y 45 años, el 26% estudios superiores y el 35% con estudios medios. A juzgar por las cifras del paro -64% de mujeres y 36% de hombres- son ellas las que en el momento actual hacen ebullir el mercado laboral y han teñido el paro de color violeta. Cada día salen a la calle por cientos en busca de trabajo. Se las ve entregando un curriculum, en múltiples entrevistas para un puesto de teleoperadora o contestando al móvil mientras caminan para una posible oferta de empleo doméstico. Se ve a las mujeres en las oficinas de los sindicatos mirando los tablones de ofertas de empleo o en las academias realizando cursos para acrecentar su formación. Se las ve en la calle e incluso cada vez más en los juzgados en actos de conciliación para reclamar sus derechos. Silvia María Suárez, coordinadora provincial de la Opea de UGT en León, subraya que «hay menos mujeres desempleadas en el rango de gente sin estudios que entre la población con estudios superiores». Por el contrario en los trabajos no cualificados «hay más empleo para mujeres y más hombres desempleados». El sector servicios se feminiza. Como ya lo están la enseñanza, sobre todo en Infantil y Primaria, y la sanidad, también en la base. En el departamento de Juventud, que desarrolla un plan de apoyo a la emancipación de jóvenes, el 73% de las consultas son mujeres que tienen de media de 26 a 30 años (64%). El 88% tienen estudios superiores, señala Vanesa Suárez. Luchadoras sin titulación Mujeres que trabajan desde siempre y ahora necesitan título La agente de igualdad de oportunidades ve desfilar por la oficina abierta en la planta baja del sindicato «mujeres sin cualificación que llevan toda la vida trabajando, muchas veces sin cotizar y sin contrato y que ahora les exigen un título (ayuda a domicilio)», pero también otras «que prueban suerte» porque sus cargas familiares o situación personal les impide aceptar ciertas jornadas o desplazamientos. Sobradamente preparadas Las ingenieras, pese a su alta cualificación, son rechazadas Son muchas -añade Mercedes Rodríguez- las mujeres tituladas (licenciadas, diplomadas con másters y cursos de formación) que se presentan a las entrevistas de teleoperadoras. Virginia terminó en octubre del 2004 la carrera superior de ingeniera agrónoma, pero nunca «pensé que por ser mujer iba a tener más dificultades», indica. Sin embargo, la experiencia se lo ha demostrado. «Hace unos días llamé a un teléfono porque buscaban comerciales para la venta de semillas y mi sorpresa fue mayúscula cuando me dijeron que buscaban a un hombre. Te lo dice una mujer y te sientes todavía peor». Se apuntó al paro, ha entregado su curriculum en muchas empresas, buscado en las bolsas de empleo del Ildefe, Redmujer y finalmente optado por hacer un máster en prevención de riesgos laborales porque es una de las preparaciones que actualmente da más salidas a titulados técnicos como ella. La principal trabas con la que se ha topado es que «te piden experiencia laboral y, como la tienes, ya te encuentras con la primera barrera». Volver a estudiar Entrar en la rueda de la formación laboral tras dejar los estudios También abunda el perfil de mujeres jóvenes que han abandonado los estudios y al encontrarse con dificultades para encontrar empleo deciden optar a cursos de formación. Es el caso de Magdalena. Quiso empezar a trabajar después de terminar la ESO a trancas y barrancas, pero no sabía ni por dónde empezar. Ahora tiene 20 años y realiza un curso de dependienta. También quiere hacer un curso de escaparatismo con la esperanza de encontrar un empleo con más facilidad. El nido y el curriculum vacíos Las que buscan retornar al trabajo después de criar sus hijos Hay también otro tipo de mujer emergente en el mercado laboral. Las mayores de 45 años que abandonaron su actividad laboral para dedicarse al cuidado del hogar y, con los hijos e hijas ya mayores, intentan reincorporarse. Sufren, además del síndrome de nido vacío, «un vacío en su curriculum laboral tanto en formación como en experiencia que les obliga a reciclarse y empezar de cero en un mercado laboral competitivo y agresivo», añade la coordinadora de la Opea de UGT. Muchas desisten en el intento y optan por buscar otras ocupaciones que den un nuevo sentido a su vida, pero la independencia económica es, hoy por hoy, una de las principales aspiraciones de las mujeres. Con cargas familiares Las mujeres que tienen que compaginar doble horario María rechazó un puesto de hostelería fuera de la capital porque no podía ajustar su horario a las necesidades para atender a su hijo. Le ofrecieron también un puesto de trabajo de seis de la mañana a dos de la tarde por un salario de 500 euros. Decidió seguir buscando y volver a trabajar en la hostelería los fines de semana, aprovechando el descanso de su compañero. Ella estudió para maestra, pero nunca ha ejercido la profesión. Cargas familiares y muchas tiene también Vicky, una mujer que emigró desde la República Dominicana hace cuatro años y que sobrevive con un trabajo por horas mientras se forma como cocinera en un curso de Cáritas. «Estuve cuidando una persona mayor pero falleció y me quedé sin empleo. Ahora lo único que me ofrecen es de 400 a 500 euros por trabajar como interna y en la hostelería no me contratan porque no tengo experiencia», cuenta esta mujer de 46 años auxiliar de enfermería en su país y de geriatría en España, madre de siete hijos y oficialmente parada.

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