Las hectáreas de remolacha han caído a menos de la mitad en sólo veinte años

Un camión descargando remolacha en la azucarera de La Bañeza, la única superviviente de León
La reforma de la Organización Común de Mercado (OMC) del azúcar será sólo la puntilla a un cultivo histórico en la provincia que a mediados de los años ochenta sumaba un millón de toneladas de producción de remolacha, 20.000 hectáreas de siembra y 14.000 contratos de otros tantos agricultores con las tres fábricas azucareras que entonces funcionaban a pleno rendimiento en La Bañeza, Veguellina y León capital. Ahora quedan 2.375 contratos, una sola azucarera en La Bañeza y 7.500 hectáreas cultivadas. En cuanto a los precios, se mantienen estancados en torno a 48 euros por tonelada, unas 7.500 de las viejas pesetas, apenas mil más que hace dos décadas a pesar de la inflación, y amenazan con desplomarse a 32 euros en la próxima campaña y a apenas 25 para cosechas sucesivas. Según todos los sindicatos agrarios, será la ruina definitiva del sector. Los campesinos leoneses han logrado en la última década duplicar la rentabilidad de sus tierras pasando de una producción media de 45 a 80 toneladas de remolacha por hectárea, según el secretario provincial de Asaja, José Antonio Turrado. «Algunos consiguen pasar de cien toneladas sin ningún problema y, según las fábricas, se podría competir con los franceses a partir de 90». Panorama nublado Para Turrado ni la fertilidad del suelo ni los métodos de cultivo son ya problemas para competir, pero sí el precio de un elemento tan indispensable como el agua: en Centroeuropa simplemente llueve del cielo y en León hay que captarla de los regadíos de los pantanos, lo que representa entre el 15% y el 25% de los costes de producción, dependiendo de las zonas. Otro 15% corresponde a semillas y el resto a maquinaria, abono, labores de preparación de la tierra y gasóleo agrícola, cuyo precio también se ha disparado, aunque para todo el territorio comunitario. Según Asaja, el coste medio de producción de una tonelada de remolacha puede estimarse actualmente en torno a 25 euros, «que habría que incrementar en otros cinco si sumáramos la renta de la tierra y eso significa que lo que se ofrece desde la UE es justo para no trabajar». Los agricultores leoneses, sin embargo, se conformarían con «cubrir costes», contando con que la maquinaria de la remolacha pudiera reutilizarse luego para otros cultivos «o sólo para que diera lo suficiente para cambiar el tractor o amortizar la compra de más terreno». En cuanto a la posibilidad de derivar el suelo hacia cultivos alternativos, «a 36 euros la tonelada y luego a 25 ni siquiera se podría comparar con el maíz y habría que sembrar sólo para ir tirando, o sea nada que hacer y valdría más dejar la tierra y cobrar el dinero de la PAC sin trabajar». Según José Antonio Turrado, el cultivo de la remolacha representa aproximadamente ahora el 25% de las superficies de regadío de la provincia y casi la mitad de los ingresos de los agricultores, que de otra forma deberían abandonar el oficio dejando el suelo y los pueblos desertizados. «Si de lo que se trata es de fijar población la única forma es incentivar el trabajo para que la gente se quede; o no hacer nada». «El problema para los agricultores de León es el coste del regadío, que en otros países no cuenta» JOSÉ ANTONIO TURRADO, secretario provincial de Asaja